Noche Vieja

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Martes, 02 Septiembre 2014 08:11

El fuego arrasa unas 700 hectáreas de monte en el valle del Arlanza

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Un fuego vertiginoso y voraz arrebató a los vecinos de Mecerreyes, Puentedura y Quintanilla del Agua el monte de pinos , encinas y sabinar del que tan orgullosos estaban. Entre 700 y 800 hectáreas de superficie arbolada y también de rastrojos, según los alcaldes de estas localidades, ardieron ayer por la tarde y durante toda la noche en un incendio que se originó a las 15.35 horas en unos rastrojos, junto a un camino, sin que se haya conocido aún la causa.
En el momento de mayor intensidad de las llamas, con un frente principal de unos 3 kilómetros de longitud, llegaron a trabajar en la zona más de 80 efectivos y 6 helicópteros, 4 de la Junta  y 2 del Ministerio de MedioAmbiente, llegados desde Lubia (Soria) y Villares del Jadraque (Guadalajara), este último un bombardero tipo ‘Kamov’ con capacidad para 4.500 litros de agua. Colaboraron los parques de bomberos de Lerma, Salas y Santa María del Campo; así como la GuardiaCivil y numerosos agricultores y vecinos que trabajaron y acudieron allí donde los agentes y técnicos medioambientales disponían. Al caer la noche, los medios aéreos tuvieron que retirarse pero permanecieron bulldozers y cuadrillas terrestres.
A las 23 horas, la Junta mantenía el nivel 1 y no había dado técnicamente por controlado el fuego, aunque solo preocupaba ya el flanco oeste, donde centraban todos sus esfuerzos los medios, según detalló el delegado territorial, Baudilio Fernández-Mardomingo, que siguió los trabajos desde el Centro Provincial de Mando del Servicio de MedioAmbiente. No obstante, evitó aventurar datos sobre la extensión y sobre las causas, a la espera de que los especialistas concluyan su trabajo. Pasada la una de la madrugada, el incendio quedó controlado por los equipos que operaban en la zona.
El momento más angustioso se produjo pasadas las cinco de la tarde. A esa hora el incendio se asomaba por los montes más próximos a Puentedura y amenazaba a las viviendas, bodegas y merenderos situados en la parte alta del municipio. La Guardia Civil, apresurada, recorría el pueblo de punta a punta y pedía a los vecinos de las residencias más próximas al fuego que dejaran sus hogares y se alejaran del peligro. Una instrucción que también se daba a las decenas de curiosos que desde la distancia observaban con preocupación el dramático espectáculo.
Pero afortunadamente, en el momento más crítico el viento dejó de soplar en dirección a Puentedura, viró hacia Quintanilla del Agua y alejó el peligro de las viviendas.  Ya con el fuego tomando un nuevo rumbo, llegó a parecer que incluso decaía en su intensidad. Fue un espejismo. Las llamas se volvieron a avivar y continuaron devorando pinos y encinas que engullían a bocados. Unas llamas que podían alcanzar los 10 metros de altura y que hacían inútil las continuas descargas de agua de los helicópteros. 
En ese nuevo rumbo apareció otro susto. La Guardia Civil tenía que indicarle al dueño de una granja con 4.000 cerdos, entre Puentedura y Quintanilla, que tenía que abandonar el lugar ante el riesgo de que el fuego pudiera llegar hasta allí. También aquí un nuevo giro en la dirección del viento impidió que las llamas se acercaran a lugar. Las tierras de labranza hacían prever que no había riesgos, pero ya nadie se fiaba.
Durante horas, no pasaba ni un minuto sin que los helicópteros cargaran sus cestas con agua de la presa  del Arlanza en Puentedura. El esfuerzo no daba los frutos deseados y la falta de iluminación impedía, minutos antes de las nueve de la noche, que los aparatos sobrevolaran más el monte. Los que no faltaban en la ayuda eran los tractores de los vecinos que se sumaban a la tarea de crear cortafuegos en las fincas. De lo que se trataba era de eliminar el máximo posible de paja de las tierras de labranza y que el fuego no llegara a Quintanilla del Agua. Se cerró la noche y los vecinos, que miraban desde el monte la evolución del fuego, regresaban a sus casas. Lo hacían, la mayoría de ellos, con la confianza de que el incendio no acecharía a sus viviendas. Pero también con la seguridad de que lo que se van a encontrar cuando se levanten, va a ser un paisaje desolador. Ese será el momento de evaluar la verdadera dimensión de un incendio que se mantendrá durante muchos años en la memoria del valle y de media provincia, ya que el humo se divisó desde Aranda de Duero hasta la Bureba.
 

 

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