«El principal caballo de batalla es la falta de mano de obra y los 365 días»

En la casa de Vidal Lázaro Orcajo siempre ha habido ovejas porque antiguamente en todos los pueblos había rebaños. «En nuestro caso compartíamos el pastor con otros dos o tres, porque eran cabañas pequeñas, pero luego ya llegó la mecanización y la gente quitó prácticamente todos», recuerda desde Oquillas (Burgos) este ganadero de ovino que se acaba de jubilar.

Él dio el paso como ganadero profesional en los años 80 cuando tenía 25 años. «Siempre hemos trabajado con oveja churra porque es una oveja muy dura; se acopla muy bien al pasto corto y al tener la lana muy larga no se moja, porque escurre, y puede estar bien en el monte», explica.

Aunque tradicionalmente han funcionado en extensivo, la aparición del lobo en una zona donde nunca se ha visto, ha obligado a cambiar el sistema. «Nosotros ya hemos tenido tres ataques, el primero fue el peor, con 24 ovejas muertas, y luego hemos tenido otros dos con un total de 5 animales, pero lo peor es que los últimos ataques han tenido lugar aquí, en la misma granja, por eso ahora cierro a las ovejas dentro de la nave. No queda otro remedio», lamenta.

El lobo no es el único animal que preocupa. «Con el corzo ha aumentado mucho el riesgo de sarna, tiña y enfermedades parasitarias», señala a sabiendas de que las ovejas se contaminan porque los corzos se rascan con los árboles. «Antes no había tanto problema pero ahora hay rebaños de corzos. En esta zona del alto Esgueva, en la Ribera del Duero, puede haber 100 ejemplares».

“Nosotros ya hemos tenido tres ataques, el primero fue el peor, con 24 ovejas muertas, pero lo peor es que los últimos ataques han tenido lugar aquí, en la misma granja”

El pastoreo también ha cambiado. «Ahora les damos un paseo, pero ya no es lo que era porque no hay forma de encontrar pastores y cuando encuentras tampoco es fácil enseñarles», afirma con la mirada puesta en los tres fieles que nunca fallan: un mastín y un cruce de perro pastor. «Sin perros no puedes ni abrir la puerta. Las ovejas son tremendas pero los perros las manejan muy bien».

Según explica, al igual que los  border collie, los perros ovejeros son genéticos y aprenden muy rápido con los padres. «Si no, cuesta mucho y se nota».

Él lo tiene claro: el extensivo de ovino en España tiene los días contados. «Aunque suba el lechazo, que ahora está subiendo y bajen los insumos, el principal caballo de batalla, el que nos hunde, es la falta de mano de obra y los 365 días, porque aquí mientras unos debaten si rebajar las 8 horas laborales al día, aquí trabajamos 12 horas los 365 días del año».

En su opinión, la única solución depende del empeño de las administraciones. «En los años 80 y 90 se pusieron muchas ganaderías de ovino porque daban una subvención fuerte, pero me temo que ahora es predicar en el desierto. Hablan mucho de despoblación, de la España Vaciada, pero si no se invierte en el campo, nadie va a querer trabajar aquí», zanja consciente de que la vida en estos pueblos no tiene nada que ver con la de antes. «Aquí había siempre niños jugando en la plaza, había escuela, pero ahora con 24 vecinos, no hay de nada y eso también supone un problema a la hora de atraer a trabajadores. Si no tienen coche están vendidos».

En su caso, Vidal se ha jubilado y ha dejado la explotación en manos de sus dos hijos, que contra todo pronóstico, han decidido seguir sus pasos. «Mi hijo ya lleva muchos años conmigo pero mi hija se une ahora, ambos tienen una vocación tremenda. Yo espero que tengan mucha suerte, pero la cosa está difícil y ellos lo saben».

“Hablan mucho de despoblación, de la España Vaciada, pero si no se invierte en el campo, nadie va a querer trabajar aquí”

La jornada sigue un horario distinto en verano y en invierno, pero «siempre hay mucho trabajo». «Eso por no hablar de la burocracia, que te entierra en vida. Es tremendo, hay mucha más que antes».

Deja la granja con 500 madres más 150 hectáreas de cereal, cebada, trigo, avena y forrajeras: alfalfa y veza. «Llevamos dos años con cosechas muy regulares», lamenta.

No van a estar solos. «Mi mujer, que es el número 1, sigue al pie del cañón. Si no es por ella quitamos las ovejas», advierte consciente de la esclavitud del trabajo. «Aquí si no estás muy pendiente de los partos y las lactancias puedes perder el 20% de los lechazos», afirma.

Por eso en la granja organizan todo para concentrar los partos en tres meses: abril, agosto y noviembre, para Navidad. «Las ovejas empiezan a preñarse a los 2 años y luego duran hasta los 8 como mucho, de ahí que haya que dejar siempre un porcentaje para reposición», termina con la esperanza de que la nueva generación encuentre el camino. «No hay que olvidar que de esto comemos todos».

Fuente original: www.elcorreodeburgos.com