Marina Lázaro sí que ha dado el relevo en su familia en la granja de ovejas de Oquillas

Era cuestión de tiempo. Marina Lázaro ha crecido en una familia con varias generaciones dedicadas en cuerpo y alma al sector ovino. Después de nueve años trabajando como técnico de realización en la televisión local de Aranda de Duero, esta joven, con 30 primaveras, ha decidido dar el salto. Cambia el plató por la granja de ovejas y las cámaras y las ruedas de prensa por el tractor. Aunque todavía no ha tenido demasiado tiempo para asimilarlo, ya que se incorporó a mediados de septiembre, cuenta que su vida tampoco ha dado un giro de 180 grados porque lo ha mamado desde pequeña y sabía que antes o después se acabaría sumando a la explotación por la que tanto han luchado sus padres, Vidal y Pilar, y que desde hace un tiempo gestiona su hermano Sergio. 

Así que, por extraño que pueda resultar desde fuera, ella lo vive con total naturalidad y se muestra contenta de contribuir a que el negocio familiar prospere. Llega cargada de nuevos proyectos. Lo primero, digitalizar cantidad de asuntos que hasta ahora se realizaban en papel. En paralelo, Marina avanza que quiere construir una quesería y que, de hecho, se encuentra inmersa en todos los trámites que le exige la administración. También trabaja para que la granja de los Lázaro, con alrededor de 500 ovejas, se pueda visitar y albergue diversas catas. «Me gustaría que la gente vea nuestro mundo y, sobre todo, dar valor a este producto de kilómetro cero», explica, mientras detalla que su hermano va al campo, siembra el grano que después comen sus animales y «de ahí sale un buen lechazo». Con la quesería, la idea es exactamente la misma: apuesta por el terruño, por las raíces, por lo suyo, por lo que tan bien domina esta maestra quesera de formación. Y, cómo no, impulsará las redes sociales para que así, los lechazos y quesos «del Vidal» se conozcan en todos los rincones. Vamos, que Marina está dispuesta a aprovechar gran parte de sus conocimientos audiovisuales para dar un impulso al entorno en el que ha crecido. 

Se cierra el círculo. Al final, dice, siempre había tenido esa inquietud y ahora la lleva a término. «¿Cuánta gente tiene esta oportunidad que tengo yo? Empezar de cero es casi imposible, si no lo heredas no hay casi opciones. Así que tenía que intentarlo. Lo tengo que aprovechar. Con todo lo que han luchado mis padres por ello», asegura convencida. A su lado, su padre Vidal se muestra satisfecho. Con la incorporación de su hijo Sergio en la campaña 1999-2000 ya se aseguró el relevo generacional. Y ahora con Marina cierra el círculo en un momento marcado justamente por lo contrario. Lo cierto es que cada vez quedan menos explotaciones ganaderas en la comarca, a pesar de que el lechazo ejerce como rey de la gastronomía. Muchas cierran ahogadas por los crecientes costes económicos y otras tantas por las dificultades para encontrar mano de obra. A veces por ambas. Así que en cuanto se jubila el pastor, adiós rebaño. «Es complicado ganar dinero al ovino. Y, además, es muy trabajoso y sacrificado», admite Vidal, al tiempo que recuerda su importancia para que «el medio rural no se deshabite». Eso sí, a su juicio, resulta clave ampliar miras y buscar nuevas fuentes de ingresos. Justo la misión que emprende Marina, quien no duda en recomendar a otros jóvenes que sigan este camino siempre y cuando «quieran aportar algo distinto, no limitarse a hacer siempre lo mismo».

Ella está convencida de que «dar caña» a las redes sociales ayudará. También el hecho de ir a ferias. Algo que hasta ahora no han podido hacer como les hubiera gustado porque su padre ya está jubilado desde hace un tiempo y su hermano se ocupa del campo y los animales. A ello suman la colaboración total y absoluta de su madre. «La número uno», dice Vidal, mientras Marina añade que su labor resulta «muy importante» y que, gracias a ella, «todos los lechazos salen bien». Ahí entran en juego años y años de experiencia porque tanto los abuelos paternos como los maternos se dedicaron a este ámbito, que ahora Marina abraza con ilusión. Las raíces tiran… y mucho.



Fuente original: www.diariodeburgos.es