Nueve kilómetros por Aranda llenos de vitalidad y esperanza para recaudar fondos contra el cáncer

Cerca de 2.500 arandinos y ribereños se calzaron ayer las zapatillas por una buena causa: participar en la marcha organizada por la Asociación Española contra el Cáncer de Aranda de Duero para recaudar fondos que destinarán tanto a investigar la enfermedad como a impulsar campañas de prevención y diagnóstico precoz. En total, nueve kilómetros de recorrido repletos de historias personales con grandes dosis de vitalidad y esperanza.   

Ahí estaban, por ejemplo, Josefa y Victoria, de 80 y 77 años. Una animó a la otra. A ambas les ha tocado muy de cerca, pero no pierden la sonrisa. El hijo de Victoria falleció hace dos años víctima de un cáncer. Pese al dolor, cuenta que fue feliz y que no habla de él con pena. Todo lo contrario. En el primer aniversario de su fallecimiento, juntó a la familia y brindaron por él, mientras sonaban algunos versos de Rozalén: El día que yo me muera no lloren porque me fui / Alcen la copa y brinden por todo lo que viví / Cuando ya no esté, recuérdame / Y vistan de alegres colores que amaron y yo amé. Dicho y hecho.

Igual que ayer, que acompañada de su prima, puso su granito de arena en la marcha dando un gran ejemplo de superación. Y es que Victoria sufrió hace algo más de tres años un infarto medular que le ha dejado medio cuerpo dormido (de cintura para abajo). Le dijeron que no podría volver a andar, pero no se conformó. «Tengo la cabeza dura y lo he conseguido». Con una vitalidad arrolladora, recordó que en el hospital pedía que le dieran caña. «Yo me daba más… y aquí estoy». Una vez que cruzaron la meta, con gran satisfacción, no dudaron en inmortalizar el momento. También por la hermana de Josefa. Y por todos los que sufren o sufrirán algún tipo de cáncer. La mayoría de participantes, como Marisa y Edu o Begoña y Virginia, destacaron la importancia de colaborar con la causa y hacerla visible. 

Los jóvenes también. A escasos metros, Henar, de 32 años, puso el énfasis en los jóvenes. Ella misma superó un cáncer de mama a los 23 y a su madre se lo han diagnosticado en dos ocasiones. «Es importante que se visibilice que los jóvenes también lo tienen, con el tiempo se cura y se sale. Así que aquí estoy, por ella y por todos. Hay que reivindicar más programas de prevención de los 20 a los 35 años». 



Fuente original: www.diariodeburgos.es