Víctor Puri y sus raíces en Huerta de Arriba y Tolbaños de Arriba: El triunfo del flamenco del norte

Un flamenco de Logroño, pero con sangre de la Sierra de la Demanda. Así se podría definir a Víctor Puri, un joven de 28 años que lucha por conseguir sus sueños en el mundo de la música y que ya los está rozando con la punta de los dedos. Este sábado presenta en la discoteca The Hangar de la capital riojana su primer disco, Ahora, compuesto por 10 temas de pop flamenco y donde también suena una bachata y una canción muy especial, Un millón de margaritas, «dedicada a mi madre, que falleció hace unos años, y también a todas las personas que ya no están, pero que siguen muy presentes en nosotros», comenta Víctor, «muy contento» con el resultado de este trabajo. 

Si buscan su nombre en Google y escuchan y ven algunos de los nueve videoclips que hay colgados en Youtube, no dirían que este entusiasta joven nació en Logroño, que su padre es de Huerta de Arriba y su madre era de Tolbaños de Arriba. Más bien parece, por ejemplo, de Jerez de la Frontera, donde está su productor Kiko Carrillo, y donde ha grabado las voces de su primer trabajo discográfico. «A veces me preguntan si soy gitano y yo les contesto: ¡qué va!, si mi sangre viene de la Sierra de la Demanda, pero es un orgullo que me lo digan, me considero una persona del mundo». 

Reconoce que pasa mucho tiempo en Andalucía y que su música está gustando mucho en el sur. «Es un flamenco del norte, como otro rollo diferente al de allí, y está teniendo muy buena acogida, les llama mucho la atención. Estoy empezando a ser bastante conocido, a grandes pasos, además», confiesa con la humildad de quien persigue algo desde el corazón y con todas sus fuerzas. «Hay que creer en uno mismo y ser feliz con lo que se hace. Para mí es un orgullo levantarme cada mañana con esta motivación», comenta el cantante, que venderá su disco, entre otros, en MediaMarkt, Amazon, El Corte Inglés o Fnac. 

Si echa la vista atrás siempre se recuerda cantando, «desde la cuna», matiza. Lo hacía en casa, entre amigos, en fiestas y cuando dejó la vergüenza a un lado, en la calle, más o menos al cumplir los 15 años. «Cantaba en los parques, a veces acompañado del cajón», rememora el joven, que cita su participación en el programa Bamboleo de la televisión pública gallega como un punto y aparte en su vida. «Me presenté, les gusté y entré directamente. Actuaba en directo en las galas y fue cuando me plantee en serio dedicarme a esto y apostar por ello», recuerda. 

Eso fue hace cuatro años, después, las redes sociales y «esas casualidades de la vida» le llevaron a Jerez, hasta su productor. «Fue casi un flechazo, nos pusimos a trabajar y el resultado, año y medio después, está en este disco», afirma Víctor, que confiesa que por el camino ha habido mucho esfuerzo, sacrificio, lágrimas y soledad. «He apostado todo a esa carta, y de momento, está saliendo muy bien», apunta orgulloso.

Una forma de ser. De familia jotera, no sabe de donde le viene ese gusto por el flamenco. «No sé si es por mi forma de ser o de ver la vida, pero lo cierto es que siempre me ha llamado la atención la rumba, el tango y sobre todo, el flamenco, que he ido estudiando por mi cuenta, y también he cantado jotas», comenta el joven, totalmente autodidacta, sin formación musical, pero que conquista al público con sus canciones y su forma de ser. «Noto que la gente disfruta con ellas y para mí es un orgullo. Los fans son la clave del éxito», reconoce el joven, que está aprendiendo guitarra y ha grabado algunos de sus vídeos en Londres o Lisboa. 

Este sábado, a las 23.30 horas, «por si alguien de Burgos se quiere animar», ofrecerá un concierto para presentar su disco, y el 28 ya tiene cerrado otro bolo en Logroño. «Durante los últimos años he ido actuando en galas junto a artistas ya consagrados, como La Húngara, Farruquito, Los Rebujitos o Decai, y hace poco di un concierto en Canales de la Sierra (Sierra de La Demanda riojana) con Azúcar Moreno», comenta el joven, que pasará parte de las Navidades entre Huerta y Tolbaños y al que le haría mucha ilusión actuar en Burgos. 

Víctor ha encontrado en la música su refugio, la manera de expresar sus sentimientos y su vida. «Siempre he dado guerra cantando. La música es lo que me define como persona y el flamenco es mi estilo, mi personalidad y mi esencia. En los momentos tristes, me alegra, y en los bonitos, me da la vida. Cantar para mí es todo», relata el artista, feliz con lo que está viviendo, con los pies en la tierra y consciente de que algo habrán visto en él y en su forma de transmitir para que hayan apostado por su carrera. 



Fuente original: www.diariodeburgos.es