El rastro del plató de Los Javis en un pueblo abandonado de Burgos

La responsable de localizaciones del equipo de Los Javis comentó a MªCarmen Sanz, oriunda de Castil de Carrias, que «tenían por costumbre rodar en sitios donde nadie hubiera rodado antes». Sin embargo, hicieron una excepción para grabar La bola negra, película que deja volar la imaginación para narrar las historias de tres personajes homosexuales a partir de cuatro páginas de un relato inacabado de Federico García Lorca. «Con esta ya van cuatro», contaba al añadir al palmarés del pueblo deshabitado el largometraje Sacamantecas, las series Gernika bajo las bombas o Volver a vivir.

El rodaje terminó este viernes, justo a tiempo para apagar los focos y dejar a los vecinos celebrar su encuentro anual. «Les hemos apretado, pero se han dejado algunas cosas y tienen que volver a quitarlas», relataba un vecino que les había ayudado a limpiar con su tractor. En la fiesta de ayer apenas quedaban vallas, algunos decorados y baños portátiles que recordaban que había tenido lugar una grabación. «Han usado las cocheras de los agricultores, pusieron dos carpas y tenían catering en la nave de la entrada», explicaba Amparo Torres, que aseguraba que los de Castil tuvieron prioridad para apuntarse como extras. «Javi me lo preguntó», aseguraba con confianza, y aunque se negó a ponerse tras las cámaras, admitió haberse hecho una foto en la casa de sus padres con uno de los directores de Paquita Salas, La Llamada o La Mesías. «Con Javier Calvo», puntualizaba para diferenciarlo de Javier Ambrossi.

En esta ocasión los figurantes habían salido de Briviesca (también un taxista de Burgos). Los agricultores, que rondaban por el pueblo al ser periodo de cosecha, recordaban que el equipo «era gente muy maja y no nos interrumpían para nada». Entre ellos se encontraba Justo Alonso, que había cumplido la promesa de no enviar las fotografías del set «ni a la familia». Conocía cada punto del plató, que había transformado las calles en un escenario rural pisoteado por el golpe de Estado de 1936. «Se ve que era la primera vez que se escribía sobre un protagonista abiertamente homosexual, pero como le mataron en la guerra civil, pues no pudo acabar», explicaba sobre Lorca y La bola negra.  

«Han hecho una cuadra muy bonita y han tenido allí animales y lecheras, y esa casa de ventanas rojas las transformaron en blancas», relataba Justo con los ojos contagiados por la magia del cine. «También había un templete con una bandera de España y una cruz al lado de mi casa, de hecho nos han puesto una escalera de madera y hemos pedido que la dejen», añadía. Por allí rondaba también Eduardo, que hace años compró un pajar en Castil para guardar leña, aunque tenía que cerrarlo a cal y canto para evitar robos

Fuente original: www.diariodeburgos.es