La presa de Castrovido ya tiene fecha estimada de inicio de su llenado, la segunda intentona después de la que comenzó en 2021 y se vio frustrada al detectarse un sumidero en el vaso principal, en el entorno del arroyo de las Vaquerizas, que 4 años y 5,5 millones después todavía no se ha terminado de sellar. Se prevé que esta operación termine por fin en primavera. Al menos así lo espera la empresa pública Tragsa, que ha fijado el 1 de mayo de 2026 para el inicio estimado del contrato de gestión, vigilancia y control del proceso de la puesta en carga del embalse, por un periodo de 23 meses.
Con este calendario estimado, la presa del Arlanza no estaría plenamente operativa antes de verano de 2028, siempre que los años hidrológicos sean generosos en precipitaciones y no haya ningún otro de contratiempo en la compleja operación a desarrollar. Además, la Administración central se cubre las espaldas con una coletilla del contrato en la que se puede leer que «al concluir el servicio descrito la Presa se habrá puesto en carga, pero no necesariamente implica que se haya puesto en servicio».
Tragsa considera necesario contar para estos trabajos con la colaboración de un equipo competente de personal especializado con 5 profesionales y que, encabezado por el director de la Puesta en Carga, gestione y supervise el proceso por 670.643,58 euros, a razón de 335.321,79 al año, en un contrato que no admite la presentación de variantes.
El trabajo se dividirá en tres fases, la de la propia operación de la puesta en carga, con el manejo especializados de los órganos de desagüe y la prueba de todos los dispositivos e instalaciones de la presa, el seguimiento y auscultación de su comportamiento durante estas labores, con una vigilancia especializadas de la infraestructura y su entorno y un informe mensual con los trabajo s y los datos recogidos; y la redacción de la memoria final.
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