Las siete monjas excomulgadas tras abandonar la Iglesia Católica en mayo de 2024 apuran las horas previas a la ejecución de la sentencia de desahucio del monasterio de Belorado con una limpieza a fondo. Las cismáticas se están dando una auténtica paliza a recoger las pertenencias y los enseres del convento de La Bretonera, para dejarlo en perfectas condiciones y evitar «suspicacias o interpretaciones erróneas», según informa su portavoz, el periodista Francisco Canals.
En las imágenes y vídeos difundidos se puede ver a la exclarisa susana Varo (sor Paloma) cargar con una alfombra por los pasillos del convento y las celdas prácticamente limpias y con una imagen muy austera, en los que solo se ve una cama una mesa el armario y una butaca.
«Durante estos días, las religiosas están dedicando largas jornadas, día y noche, a limpiar y ordenar el monasterio con el objetivo de dejar todas las instalaciones en el mejor estado posible», informa Canals.
La cismáticas limpian el monasterio de Belorado a fondo
Su intención, como ya se ha avanzado estos días, pasa por abandonar el convento burgalés antes de que llegue la comisión judicial a ejecutar la orden de lanzamiento este jueves, a las 9:30 horas. Allí solo estarán previsiblemente sus abogados, Enrique García de Viedma y Florentino Aláez, para entregar las llaves.
Ellas tienen previsto establecerse provisionalmente en el monasterio de Orduña, el segundo que pertenece a la comunidad de clarisas que abandonaron voluntariamente al separarse de la Iglesia, pero sobre el que todavía no se ha decidido judicialmente su futuro. El comisario pontificio, Mario Iceta, presentó una demanda de desahucio por precario en el correspondiente juzgado de Bilbao, pero este acordó la paralización del proceso hasta que una sentencia firme declare que el arzobispo de Burgos es el representante legal de la comunidad religiosa.
A lo largo de este martes las religiosas celebrarán una última misa, «que previsiblemente estará marcada por una profunda carga emocional tras los años de vida y servicio en este lugar», detalla Canals. «La salida definitiva de las hermanas del monasterio se producirá en un momento secreto y reservado, decidido por ellas mismas. Antes de abandonar el recinto, se procederá al apagado de los interruptores eléctricos del monasterio, un gesto simbólico a la vez que muy duro que dejará el recinto a oscuras y que las religiosas consideran un símbolo del cierre de esta etapa», prosigue.
Fuente original: www.diariodeburgos.es