Mari Luz Esteban Galarza: «Mis poemas de Valdeporres llaman mucho la atención»

Mari Luz Esteban Galarza (Pedrosa de Valdeporres, 1959) se licenció en Medicina en 1983, porque aunque lo suyo eran las letras y las humanidades ninguna universidad pública ofrecía esos estudios entonces en el País Vasco. La revancha le llegó poco mas tarde, porque logró ser doctora en Antropología Social en 1993. Ahora ejerce como investigadora y profesora de esta rama en la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología de la Universidad del País Vasco, pero también dirige el Grupo de Investigación AFIT-Antropología Feminista desde 2013 y forma parte del movimiento feminista desde 1978. Ha editado multitud de libros de antropología, algunos con una gran acogida y su pasión por la escritura la ha llevado también a publicar tres de poesía, recopilatorios en parte de textos que escribía desde muy pequeña.

Se fue de niña de Pedrosa de Valdeporres y ha vuelto puntualmente. Pero esta semana cuando la diputada de Euskera, Cultura y Deporte, Leixuri Arrizabalaga, le entregaba la Pluma de Oro en la Feria del Libro de Bilbao por su trayectoria y sus numerosas publicaciones, dos mujeres naturales de Valdeporres fueron a verla. Eran antiguas alumnas de su madre, Martina Galarza Urcelay, quien ejerció la docencia en Pedrosa durante casi dos décadas entre los años 40 y principios de los 60 y de la que aún muchos alumnos guardan gratos recuerdos.

Era vasca, pero no encontró plaza en su tierra y emigró con varias amigas que se afincaron en Merindades. En Valdeporres se enamoró de otro maestro, que llegó de Zamora para atender a los hijos de los obreros del túnel de la Engaña. Y cuando Mari Luz tenía apenas 3 años se marcharon a Vizcaya. Aún así, la antropóloga y escritora guarda aún recuerdos de las historias que su madre le relataba sobre Valdeporres. «Me contaba muchas cosas que fueron muy importantes», rememora. Por ello, varios poemas de su último libro ‘Reformas carnales’, editado en 2023, están dedicados a aquellos relatos.

Uno habla de su nacimiento y el de su hermana gemela y del lugar donde ocurrió, Valdeporres. En ‘Hija de la nieve’ la autora cuenta como «los niños y niñas de la escuela eran rubios en aquel lugar/ como los ricos decía mi madre/ pero sin un céntimo». En ‘El fuego en la sangre’ rememora a la mujer del pastor que no llevaba bragas y cuya menstruación dibujaba «rosarios rojos en el suelo», que ella observaba cuando traía la leche a su casa. En ‘El privilegio del árbol’ rescata como su marido murió congelado a apenas 50 metros de su casa en una gélida noche. Son los recuerdos que aún quedan de aquella España rural en la que apenas vivió sus primeros años.

En su primer libro de poesía, editado en euskera en 2013 y en castellano en 2017, su progenitora ya fue protagonista. Se titula ‘La muerte de mi madre me hizo más libre’. El segundo, en 2019 lo llamó ‘Manifiesto de una mujer vieja’ porque Esteban Galarza quiere reivindicar que se pueda decir vieja. En el ámbito de la antropología, sus dos obras más reconocidas son ‘Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidades y cambio’ (2004) y ‘Crítica del pensamiento amoroso’ (2011).

Seguirá impartiendo clases hasta los 70 años y nunca abandonará el movimiento feminista, en el que vivió la conquista de multitud de derechos, como el divorcio, el aborto, laborales… pero ahora ve en «una situación agridulce, dulce porque hay muchos avances logrados, pero también agria ante la reacción de la derecha o la violencia contra las mujeres».

Fuente original: www.diariodeburgos.es