Se sienten asfixiados, indefensos y la idea de abandonar sus explotaciones les ronda la cabeza, incluso algunos ya lo han hecho. Los ganaderos burgaleses confiesan que no pueden más, que la presencia del lobo está acabando con un sector que mantiene con vida a los pueblos y que nadie toma cartas en este asunto, delicado pero con el que están sufriendo. Las cifras les dan la razón. Según los datos ofrecidos por la consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León los ataques por cánidos han crecido el último año en la provincia un 46%, pasando de los 408 en el 2024 a los 597 del 2025.
El número de agresiones confirmadas por este animal sigue al alza en lo que va de año, solo en los cuatro primeros meses de 2026 se han registrado la mitad de la totalidad del 2025. «El porcentaje está siendo mayor respecto al año anterior», reiteran fuentes del Servicio Territorial, que detallan que no hay una semana en la que no se redacte uno o varios partes, al menos en la Sierra de la Demanda, donde este animal está cada más asentado mientras sigue su expansión.
«Lo de este año es exagerado». Lo confirma Moisés Pinilla, ganadero de Carazo. Tiene una explotación de 400 vacas junto a su hermano Jesús que pastan cerca del entorno de Sad Hill. Separadas por una valla, pero en el mismo paraje, hay más de un centenar de Arturo, otro ganadero de Silos. «Todos los días te llevas un disgusto. Así no se puede vivir. Te levantas y no sabes lo que te vas a encontrar. Nos están haciendo la vida imposible», cuenta el hombre, que ya ha registrado dos vacas y tres terneros muertos, porque el lobo no solo ataca a las ovejas.
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