Más de mil kilómetros separan Huerta de Rey de Pleine-Fougères, al otro lado de los Pirineos, en la región de La Bretaña. Les unen, en cambio, unos fuertes lazos de amistad entre sus vecinos tejidos durante más de tres décadas y muchos viajes de intercambio. Las puertas de las casas de ambas localidades se abren desde principios de los noventa de par en par para cobijar, mostrar cultura y dejar entrar en su vida cotidiana. No hay barrera, idioma o distancia que no se pueda tumbar con esa confianza, la de acoger, la de ser acogido, la de casi convertirse en un miembro más de la familia.
Huerta de Rey y Pleine-Fougères celebran este año el 30 aniversario de la firma de su hermanamiento en la localidad burgalesa, (en Francia se hizo dos años antes, en 1994), aunque la relación entre ambas comenzó a gestarse con anterioridad, como recuerda Isabelle Guillerm, profesora de español ya jubilada que ejercía en uno de los colegios del municipio galo.
«Ercilio Vidriales, por entonces concejal de Cultura, vino a exponer sus obras. Ya existía un hermanamiento entre Gumiel de Izán y una localidad próxima, Dingé, así que se empezó a hablar de hacer lo mismo entre Huerta y Plein Fougere», relata la mujer, que recuerda su primer viaje al municipio burgalés en 1992. «Por casualidad fui a una reunión en la que se trató el asunto, era febrero y tenía vacaciones, así que con una amiga decidí venir a conocer el pueblo y a raíz de ahí se comenzaron a organizar los intercambios».
De «corazón enorme» califica la docente francesa a las huertaños, «que cuando te abren la puerta de su casa lo hacen para siempre». Más de treinta años después habla de «muchas amistades», de sus «sobrinas adoptivas» y recuerda con emoción a quien fue casi familia y ya no está. Los vecinos bromean con ella «como una empadronada más» y es que al menos visita Huerta dos veces al año.
Los intercambios entre ambas localidades se van alternando. Un verano los huertaños son acogidos por vecinos en Francia y al verano siguiente son ellos los que reciben a los galos. Isabelle es una de las cuarenta personas que forma parte del grupo que participa en la actividad de este año y que el jueves visitó algunos de los puntos más importantes de la capital burgalesa, como la Catedral, el monasterio de Las Huelgas o el casco histórico acompañados de Ana Rubio, la presidenta de la Asociación Hurplein, a través de la que se gestiona el intercambio en Huerta y que les hizo de guía. Como anécdota, la mujer recuerda que en los primeros viajes a Francia en coche, cuando no existían los GPS, los vecinos de Huerta se perdían.
Excursión y convivencia. Acogidos por una veintena de familias de Huerta de Rey (también de Araúzo de Torre y de Araúzo de Miel), desde este colectivo les preparan un programa de actividades para que durante su estancia puedan conocer el entorno, además de disfrutar de la cotidianidad de la vida en Huerta. «Por el día les organizamos excursiones y cuando regresan buscamos esa convivencia familiar», cuenta Isabel Molinero, secretaria de la asociación, que habla de su ritmo diferente. «Ellos se acuestan muy pronto, les llama mucho la atención la vida que hay aquí durante toda la tarde y les gusta mucho el momento de ir a tomar algo a una terraza ya que no es común para ellos», explica Isabel, que también ha viajado a Pleine-Fougères, donde existe una plaza dedicada a la localidad burgalesa. «Me sorprendió lo pronto que cierran los establecimientos y que se apaguen todas las luces».
En lo que son más mañosos los vecinos de la localidad gala es con el idioma. La secretaria de Hurplein confiesa que los franceses han aprendido más castellano que ellos francés. «Cuando conocí a la persona con la que hago el intercambio no sabía nada de español y nos propusimos las dos aprender. Me ha ganado por goleada, ya me escribe por WhatsApp en castellano y yo sé pocas palabras en francés y se me olvidan de un año para otro», bromea.
Tras cuatro días en Huerta (llegaron el miércoles por la tarde), regresarán a Pleine-Fougères el lunes después de celebrar este sábado el 30 aniversario de la firma del hermanamiento, que volverán a rubricar los alcaldes de los dos municipios. Habrá comida oficial y por la tarde visitarán los campos de lavanda de Caleruega. El domingo está previsto que recorran Clunia, coman y pasen la tarde en familia y celebren una cena de despedida con la promesa de encontrarse el próximo verano en Francia y devolver el cariño recibido.
Fuente original: www.diariodeburgos.es