A los gallos, las campanas de la iglesia y la torre del reloj se suma ahora un nuevo objetivo de los urbanitas que desembarcan en el pueblo con sus propias normas, ritmos y sonidos: los cencerros del ganado y las moscas. Mientras en Francia el ‘patrimonio sensorial’ que forma parte del día a día rural está protegidos por ley, en España no deja de generar bandos, quejas al Procurador del Común y hasta sentencias judiciales. La última conocida en Neila, donde se acaba de dictar un bando en el que pide que esas campanas sean de quita y pon.
Miguel Santamaría, que asumió la Alcaldía tras la dimisión de Marino Olave, responde así a las quejas aportadas por vecinos y veraneantes, que impulsaron una recogida de firmas para denunciar «las molestias que ocasionan por una parte los cencerros de las vacas y las yeguas durante las horas nocturnas, limitando de esta forma el derecho de todos al descanso», además de las defecaciones de los animales, que aseguran limitan «la posibilidad de ventilación de las viviendas», según el bando.En el escrito registrado el pasado otoño llegaban a asegurar que esos excrementos les generaban «dificultad para transitar por muchas zonas» del pueblo.
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