¿Ruido molesto o sonido ‘natural’ de un pueblo de Burgos?

En Valdeande, un municipio de poco más de un centenar de habitantes, el sonido de las campanas ha dejado de suponer una simple tradición para convertirse en el centro de un conflicto que enfrenta dos formas distintas de entender la vida en el medio rural. Lo que durante décadas formó parte del paisaje sonoro del pueblo ha derivado en una disputa que enfrenta a quienes quieren mantener sus costumbres con quienes aseguran que estas no les dejan descansar.

La controversia comenzó en 2023, momento en que el reloj de la iglesia marcaba las horas durante las 24 horas del día, como había hecho siempre. Ese mismo verano, varios vecinos que no residían habitualmente en el municipio solicitaron al Ayuntamiento que se eliminasen los toques nocturnos al considerar que dificultaban su descanso. Sin embargo, el Consistorio decidió mantener el funcionamiento habitual del reloj tras valorar la opinión de quienes viven durante todo el año en la localidad.

La situación cambió en enero de 2026, cuando el Ayuntamiento recibió un estudio acústico promovido por uno de los denunciantes. Según ese informe, el sonido de las campanas superaba los límites permitidos durante el horario nocturno. La corporación optó por contratar el mantenimiento del reloj con el objetivo de reducir los decibelios y anunció una nueva medición acústica. Sin embargo, antes de que pudiera realizarse, recibió un recurso contencioso-administrativo, lo que llevó al Consistorio a paralizar ese procedimiento.

En un bando difundido entre los vecinos, el Ayuntamiento explicaba que continuar con el litigio suponía afrontar gastos de abogados, procuradores y otros costes judiciales que podían comprometer la economía municipal y retrasar futuros proyectos para el pueblo.

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Fuente original: www.diariodeburgos.es