La DO Ribera del Duero prepara la vendimia más temprana de su historia

La DO Ribera del Duero encara la recta final del ciclo vegetativo de la viña con un adelanto que podría llevar la vendimia a fechas históricas, pero también con una creciente necesidad de agua. El envero está prácticamente concluido y los viticultores consultados coinciden en señalar que las cepas llevan varios días de ventaja respecto a una campaña normal, aunque la evolución de las próximas semanas será determinante para conocer tanto la fecha definitiva de inicio de la recogida como el potencial de la cosecha.

José Manuel Pérez Ovejas calcula que el comienzo de la vendimia podría situarse a principios de septiembre, entre diez y quince días antes que el año pasado. «Estaríamos hablando de la vendimia más precoz de la historia en nuestra Denominación de Origen», apunta el bodeguero, aunque subraya que todavía es necesario esperar a la evolución de la maduración y de la meteorología.

Los viticultores constatan sobre el terreno este adelanto. Daniel Maestre asegura que el viñedo está «muy adelantado, casi tres semanas» en algunas parcelas y estima que en determinados casos pueden quedar apenas un par de semanas para comenzar la recogida. La campaña, en cualquier caso, se iniciará con las variedades blancas antes de que llegue el turno del tempranillo.

Eduardo Izquierdo sitúa el adelanto respecto al año pasado en torno a los diez o doce días. «Está acabando el envero», explica, y calcula que, teniendo en cuenta la evolución registrada en las estaciones, el viñedo lleva incluso «diez o doce días de adelanto con respecto al año pasado».

Pero esa anticipación convive con una preocupación cada vez mayor: la falta de agua. Izquierdo considera que las cepas necesitan precipitaciones para completar adecuadamente esta última fase del ciclo. La falta de recursos hídricos puede provocar que la uva «engorde menos» y que los racimos se queden más pequeños. También plantea la posibilidad de que esta situación pueda terminar afectando a la maduración, aunque es pronto para determinarlo.

La misma preocupación expresa Daniel Maestre, que asegura que el viñedo arrastra «estrés hídrico desde abril». A su juicio, para completar bien el ciclo antes de la vendimia sería necesario que «bajen un poco las temperaturas y que llueva».

Desde mayo no se han registrado precipitaciones significativas, según Pérez Ovejas, aunque las reservas acumuladas durante el invierno y la primavera han permitido hasta ahora que las cepas mantengan un desarrollo vegetativo estable. El escenario puede cambiar, no obstante, si continúa la ausencia de lluvias durante las próximas semanas.

En el plano sanitario, Pérez Ovejas considera que el estado general del viñedo es actualmente «muy satisfactorio», sin incidencias relevantes de enfermedades fúngicas ni problemas fitosanitarios significativos. Sin embargo, Maestre introduce un matiz y señala que ha sido «un año de mucho oídio» en términos generales.

A ello se suman los daños puntuales provocados por las tormentas de granizo y las heladas registradas a comienzos de año en diferentes zonas de la Ribera.

Pese a estas circunstancias, la evolución fenológica está siendo homogénea entre parcelas y la maduración avanza de forma regular. En las parcelas con mayor carga productiva se está realizando además un aclareo de racimos para ajustar los rendimientos.

El límite establecido por el Consejo Regulador para esta campaña es de 6.300 kilos por hectárea, aunque Pérez Ovejas destaca que las bodegas de mayor exigencia cualitativa trabajan habitualmente por debajo de ese umbral, buscando una mayor concentración y equilibrio de la uva.

Fuente original: www.diariodeburgos.es