La cola para recargar agua en la fuente de la Plaza Santa María llegaba hasta los bancos. Laura, Ana, Martina y Valeria fueron de las primeras en llegar y preparar el kit al completo aunque antes de que diera comienzo la X edición del desfile y la batalla del agua tuvieron que rellenar las botellas varias veces pero no para beber sino para disponer de ‘armamento’ suficiente para el recorrido al completo. El calor azotaba con fuerza y las cuatro amigas decidieron salir ya de casa bien preparadas con bañador, chanclas y gafas de bucear; acertaron sin lugar a dudas. Poco a poco el espacio se abarrotó de gente con muchas ganas de pasarlo bien y de pegarse una ducha fresca bajo el sol.
Niños, adolescentes, adultos, abuelos, familias enteras, algún que otro trasnochador intentando alargar los últimos momentos de fiesta y grupos de amigos, nadie quiso perderse uno de los actos más gamberros de Nuestra Señora y San Roque. Los miembros de la Xaranga Pint-Ant-La dieron bien ‘la nota’ y encabezaron un pasacalles en el que no se veía tanta indumentaria de peña, más bien ropa de baño y todo tipo de añadidos.
Sara y David lucieron con orgullo los trajes regionales que ellos mismos habían elaborado para la ocasión, mientras que sus hijos, Luis y Nuño, optaron por ir más cómodos. Samuel portaba una mochila pulverizadora porque entraba «más agua» y Andrea apostó por un ‘pistolón’ que abultaba más que ella. Los vecinos de Justo Cantón Salazar lo tenían todo preparado para aportar su granito de arena y pedir lo que los participantes demandaban. «Agua, agua, agua», gritaban al unísono. Neli debió de tardar su tiempo en cargar los más de diez calderos -bien grandes- para no defraudar al público. La gente sabía que la parada frente a su casa era obligatoria y nadie se libró del esperado chapuzón.
Tomás reservó la energía para gastarla en el patio del colegio Juan Abascal, lugar en el que continuó la fiesta, y desde allí lanzar sus globos de agua; mientras que Miriam no le seguía el ritmo a Igor, su bebé, que ya no lo es tanto y tiene más marcha que entre sus padres juntos. La música no dejó de sonar y las risas se apoderaron de la jornada de tarde con el último espectáculo de la Feria Taurina: el grand prix, una suelta de vaquillas y un desfile de peñas. Tras siete días sin parar hoy toca despedirse con la tradicional merienda campestre elaborada por las Amas de Casa, toro de fuego, el entierro de San Roquín y la subida de blusas.
Fuente original: www.diariodeburgos.es