«Aún no me creo que estemos vendimiando a 18 de agosto». Sin asimilar todavía el adelanto obligado del arranque de los trabajos de recogida de la uva, José Zapatero recorre la parcela La Geodésica, bautizada así porque está junto al punto geodésico de la comarca ribereña, a unos 940 metros de altitud, una de las más altas de la zona. Desde allí, con un amplísimo horizonte desde el que se divisan hasta cinco localidades, y el río Duero en su habitual serpenteo, llevaba varias jornadas controlando el estado de las uvas para decidir cuándo recoger esos racimos, nacidos de cepas plantadas allá por el año 1932.
Y ayer llegó el día. Con una cuadrilla de seis personas, empezaron a recolectar el trabajo de todo un año en esa parcela de menos de media hectárea, que el año pasado llegó a dar cosecha para elaborar 400 litros de vino, casi todo tempranillo y entre un 2% y un 5% de albillo mayor. «Está todo plantado aquí y lo elaboramos junto para mantener las características de la parcela y conservar toda la frescura que aporta al vino la ubicación y el terreno», explica Zapatero, de la Bodega El Lagar de Isilla.
Dentro de la DO Ribera del Duero, este año es de los primeros en estrenar la vendimia. «Ya le hemos comunicado al Consejo que íbamos a empezar», confirma el trámite administrativo. Varias bodegas también han avisado de la cercanía de estos trabajos de cosecha «pero eso no quiere decir que hayan metido ya uva, avisan en previsión de empezar a coger algo», puntualizan desde el Consejo Regulador sin aportar cifras de cuántas bodegas están en ese punto. Eso sí, estos primeros compases se realizan de forma muy selectiva y lejos del momento de máxima actividad. «Esto es el inicio de la vendimia, pero no es la realidad del inicio de la vendimia, lo que es la parte fuerte no llegará hasta principios de septiembre», señala Zapatero.
La previsión es que el ritmo vaya aumentando progresivamente durante las próximas semanas. «La semana que viene cogeremos otras 8, 10 o 12» parcelas y posteriormente se incorporarán otras tantas hasta que, «a partir del uno», la vendimia entre en una fase continuada.
Su estrategia, y la de muchos otros viticultores y bodegueros, pasa por recorrer las viñas prácticamente a diario y decidir sobre el terreno cuáles están preparadas para ser vendimiadas. Estas primeras uvas tenían, antes de recolectarlas de estas cepas en vaso, 13,8 grados Baumé de media, cuando la norma no escrita en la Ribera del Duero fija el momento de la vendimia en torno a los 14.
Esa selección responde a las diferencias que existen incluso entre parcelas próximas. El estado de la uva depende del suelo, de la carga de los viñedos y de las condiciones particulares de cada terreno. «Esta parcela, al estar muy arriba, le da mucho el sol y madura muy pronto, además tiene unos suelos de arena y grava fina, lo que la hace particular y diferente a la mayoría, que están en suelos arcillosos», apunta Zapatero.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es