Un camino sin meta en el horizonte: reabre el centro de artes marciales de Cornudilla
Mila se muestra entusiasmada con su particular vuelta al cole. Llevaba más de un mes sin pisar uno de los lugares que más paz la contagia y reconoce que ya tenía ganas de vestir el taiji fu y retomar sus prácticas en artes marciales. El próximo sábado se examinará de cinturón naranja de taichi y chi kung en el centro Budo Sakura de Cornudilla, aprovechando el seminario de kung fu que se celebrará durante toda la jornada, y asegura sentirse algo nerviosa. A su vera, el maestro José Ángel Amor la observa fijamente. «Cada uno recorre el camino en la velocidad que estima oportuno y este no tiene ninguna meta», la recuerda con intención de tranquilizarla antes de retomar las clases.
El impresionante dojo (sitio tradicional para practicar), construido en lo que antaño ocupó un hospital propiedad del Monasterio San Salvador de Oña y posteriormente un hospedaje, abre de nuevo sus puertas tras permanecer cerrado ‘por vacaciones’ dos meses. ¡Y qué ganas tenían los alumnos de que llegara el momento! Robert viaja todos los miércoles por la tarde -de septiembre a principios de julio- a la localidad burebana para recibir formación y practicar en un «sitio que me permite perfeccionar mis técnicas y que además produce muchísimas emociones, aquí se sienten cosas de verdad», explica. Chema, que también reside en la capital de provincia aunque tiene casa en Briviesca y está casado con una mujer del pueblo, sigue los mismos pasos. Es informático y el altísimo nivel de estrés al que está sometido en su trabajo desaparece por un tiempo cuando se reúne con sus compañeros. «Es una cita obligada», manifiesta.
Kárate, chi kung, iaido y taichi son las disciplinas de origen oriental que Amor enseña en función del nivel de cada uno. El aprendiz no absorbe directamente el conocimiento del maestro, sino que debe «reinventarse y ejercer las prácticas para comprenderse a sí mismo hasta llegar al shingi-tai, estado en el que el espíritu, cuerpo y técnica son uno solo», explica el propietario del centro. Por otro lado, destaca que también resultan «beneficiosas para la salud mental; relajan y enseñan concentración y dominio enfocado en el desarrollo de la fuerza interior y ayudan al fortalecimiento y desarrollo del cuerpo y la mente».
El buen tiempo permite entrenar también en los exteriores y el entorno del jardín zen con agua es, sin duda, uno de los rincones favoritos. El sonido y los colores generan una atmósfera que contribuye a aumentar la creatividad que, a veces, se ve ahogada bajo tareas y obligaciones. Mercedes disfruta muchísimo y al igual que otros de sus compañeros, también participa en las clases que el maestro imparte en la Casa Amarilla de Briviesca. Pero «nada tiene que ver» para esta apasionada de las artes marciales, cinturón negro de taekwondo, porque «este lugar es absolutamente mágico y se respira una atmósfera muy especial de tranquilidad, de enfoque, de atención… Es un lujo tener esto a nuestra disposición». María, esposa de José Ángel, asiente con la cabeza.
A Raúl -cinturón negro segundo dan de taichi y chi kung– acudir al dojo y relacionarse con un grupo de personas que tienen los mismos valores en la vida que él le aporta «salud física y mental». Todo el que busque y necesite relajarse y meditar o aquellos que quieran iniciarse o continuar en el mundo de las artes marciales tiene «su casa en Cornudilla», palabra de maestro. Palabra de José Ángel Amor.
Fuente original: www.diariodeburgos.es
