No hace tantos años, en Santibáñez Zarzaguda no había un solo colegio, sino dos. Además del conocido como Virgen de las Eras, funcionaba el de la congregación Sagrado Corazón, que cerró sus puertas en 2008 por la falta de alumnos. Esa caída de matrículas ha ido mermando la ocupación de las aulas del centro público hasta poner en grave riesgo su supervivencia a finales del pasado curso. El salto a la ESO de varios jóvenes y la ausencia de nuevos escolares pusieron entre la espada y la pared la viabilidad del colegio, que no obstante ha logrado mantenerse abierto gracias a la llegada in extremis de un niño y una niña.
El colegio con menos alumnos de toda la provincia -sin contar las aulas de los CRA-, tal y como precisan desde la Dirección Provincial de Educación a falta de cerrar los datos provisionales que manejan, encara ahora un periodo de cierta estabilidad, explica su nuevo director, Sergio Fuentes, al mantener durante al menos este y el curso que viene, si nada raro ocurre, las mismas matrículas. En estos momentos 7 jóvenes cursan educación primaria y una infantil, mientras que hay una familia con niños pequeños que podrán ingresar en el aula en septiembre de 2027. «Lo normal es que la cifra crezca», resume el responsable. La inmigración es fundamental para que este tipo de centros educativos rurales mantengan sus puertas abiertas en pleno 2026: 7 de sus 8 inquilinos son de origen extranjero. Tan solo uno vive enSantibáñez, mientras que el resto procede de municipios próximos como Montorio, Zumel, Huérmeces o Quintanilla Pedro Abarca.
«Cuando les deja el autobús a primera hora de la mañana y se bajan los 7 niños te choca mucho, sobre todo al principio Parece que te falta alguien, pero no», reconoce Fuentes. Recién llegado al Virgen de las Eras desde Fuentes de Nava (Palencia), confiesa que la ayuda de los alumnos ‘veteranos’ fue fundamental durante los primeros días para adaptarse a sus ritmos y costumbres. Su primera experiencia al frente de un colegio con tan pocos niños -fue docente durante varios años en un centro de la capital-, admite, está superando las expectativas. «Las familias no conocen bien el beneficio de este tipo de centros para la educación de sus hijos», asegura.
El director destaca las muchas bondades a nivel pedagógico y didáctico que conlleva para los menores asistir a clases con tan poca gente. «Como profesor les conoces mejor, estás más pendiente de ellos y puedes trabajar de manera profunda», afirma. La búsqueda de la funcionalidad, el «saber hacer» que define Sergio Fuentes más que el «saber», es uno de los puntos fuertes que destaca tienen los centros educativos del medio rural frente a los de las ciudades. «En una capital no tienes tanto acceso, con grupos grandes, a enfoques mucho más prácticos y a pie de calle que en un pueblo», destaca. De este modo, alienta a las familias a que se replanteen enviar a sus hijos a un colegio rural en vez de hacerlo a uno ubicado en un gran núcleo urbano.
Entre los 8 alumnos se llevan de maravilla, a pesar del salto generacional que los separa. «Hay una sola unidad y siempre están todos juntos. Tenemos que cuidar mucho la convivencia», destaca. Comparte docencia con otros dos tutores a media jornada, también novatos en Santibáñez Zarzaguda. El mirandés Eduardo Costalago y la leonesa Sara Álvarez completan el organigrama y todos se muestran encantados de el «enorme reto» que supone para ellos ponerse al frente de una clase con 8 alumnos de varias edades.
(Más información, en la edición impresa de este jueves de Diario de Burgos o aquí)
Fuente original: www.diariodeburgos.es