Diseño burgalés para cruzar la Antártida
Un trineo construido en la Ribera del Duero va a hacer frente a las condiciones extremas de la Antártida. La nueva expedición científica liderada por el explorador Ramón Larramendi, que prevé recorrer unos 3.400 kilómetros por el continente helado durante cerca de tres meses, utilizará un vehículo diseñado y fabricado por el arandino Javier de la Puente, propietario de una empresa Fun Run, especializada en la construcción de kayaks de mar ubicada en Fresnillo de las Dueñas.
La participación ribereña en esta aventura se remonta a principios de siglo. De la Puente lleva más de dos décadas vinculado al desarrollo del denominado Trineo de Viento, una plataforma de transporte impulsada por cometas que permite desplazarse por las grandes extensiones polares sin consumir combustible para su propulsión. Sin embargo, esta nueva expedición presenta una particularidad: en lugar de estrenar un vehículo, los exploradores recuperarán uno de los que construyó el empresario arandino hace 15 años.
La intención inicial era fabricar un nuevo trineo, pero la financiación solicitada no llegó y los expedicionarios han optado por reutilizar el antiguo. «Tenía comprados todos los materiales, la madera, las fibras, la resina…», explica el constructor, que reconoce la singularidad de recuperar un vehículo de estas características después de tantos años.
Aunque el diseño está suficientemente probado y ha experimentado numerosas mejoras, el paso del tiempo introduce algunas incógnitas. Los materiales deben soportar temperaturas que pueden descender hasta los 40 grados bajo cero, además de las exigencias mecánicas de un recorrido de miles de kilómetros sobre el hielo. De la Puente asegura que le han comunicado que el trineo, que lleva en la Antártida desmontado y enterrado en la nieve desde febrero de 2019, se encuentra en buenas condiciones, aunque prefiere mostrarse prudente. «Bueno, vamos a ver si aguanta este», apunta sarcástico.
La relación del empresario arandino con el Trineo de Viento se remonta al año 2000, cuando participó junto a Larramendi en unas pruebas realizadas en Yellowknife, una localidad de los Territorios del Noroeste de Canadá. Hasta allí trasladaron varios prototipos para experimentar con diferentes soluciones constructivas y avanzar en el concepto de un vehículo capaz de aprovechar la fuerza del viento sobre superficies heladas.
Su participación en esta iniciativa constituye una actividad excepcional dentro de su trayectoria profesional. «Yo lo que tengo es una marca de kayaks de mar y esto es lo que hago. Este tipo de cosas son trabajos extraños que se hacen de vez en cuando», explica, restando importancia a su aportación.
El trineo construido por De la Puente será ahora una pieza fundamental de una expedición que pretende demostrar las posibilidades de la energía eólica para la ciencia en los territorios más inaccesibles del planeta. El recorrido llevará a los expedicionarios desde la base rusa Novolazárevskaya hasta la estación científica Concordia, atravesando el interior de la Antártida. Durante 80 días, los cuatro integrantes del equipo desarrollarán 16 proyectos de investigación relacionados con el estudio del hielo, el cambio climático, los microplásticos y las condiciones ambientales del continente.
La principal singularidad del vehículo es su sistema de propulsión con grandes cometas, que aprovechan los vientos polares para arrastrar una plataforma sobre la nieve. Esta tecnología permite transportar personas, equipos científicos y suministros sin recurrir a motores de combustión para avanzar, reduciendo así el impacto ambiental de las expediciones.
Para Javier de la Puente, acostumbrado a que sus diseños se enfrenten a las aguas del mar, esta nueva aventura supondrá comprobar hasta dónde puede llegar la resistencia de uno de sus trabajos más singulares. Quince años después de salir de sus manos, el trineo volverá a ponerse a prueba en uno de los escenarios más exigentes del planeta.
Fuente original: Diseño burgalés para cruzar la Antártida
