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Una falsa morcilla para un oro de verdad

Tenía aspecto de morcilla, pero guardaba un secreto: era un guiso de cordero. El engaño estaba permitido y, a juzgar por el resultado, salió bastante bien. Álvaro Cantera y Rodrigo López, cocineros de El Cenador del Convento, conquistaron ayer en la Casa de las Cadenas el oro de la Semana del Pincho de Miranda, una cita que llevará las creaciones de doce establecimientos a sus barras del 9 al 15 de noviembre. La presentación sirvió para elegir las mejores propuestas y ofrecer al público un adelanto de lo que podrá saborear durante la semana que viene. La morcilla era una ilusión. El premio, muy real.

Para descubrir al ganador hubo que abrir primero el apetito. Y mantenerlo a raya durante un buen rato. La presentación arrancó a las 18.30 horas en el patio, donde los hosteleros fueron explicando sus propuestas uno a uno. Cada plato tuvo su momento, su descripción y su paso por el jurado. Los asistentes atendían a las explicaciones, aunque con unas ganas cada vez mayores de pasar de la teoría a la práctica. Había mucho que escuchar y, sobre todo, mucho que llevarse a la boca.

Rubén Osorio y Rocío Oñez, del restaurante Mima, José Ángel García, de la SER, y Eduardo Arauzo, de FAE, tenían una ventaja sobre el resto: ellos sí podían ir probando. También una responsabilidad, porque después de cada bocado tocaba puntuar. Desde fuera, el puesto resultaba bastante envidiable. Desde dentro, exigía decidir entre elaboraciones que los hosteleros habían preparado para dar lo mejor de sus cocinas en miniatura.

A las 20.30 horas llegaron los premios. Duque de Frías logró la plata y el bar Milán, el bronce con No me olvides. El segundo y el tercer puesto estuvieron especialmente reñidos, como se explicó durante la entrega. Elena, del Milán, recibió el bronce con sorpresa y lágrimas en los ojos, un reconocimiento especialmente emotivo ante su próxima jubilación.

El oro se fue al Convento, acompañado de 4 entradas para el palco VIP del San Pablo Burgos y un lote de productos de Coca-Cola. Sus cocineros buscaban «un pincho de uno o dos bocados y con mucho sabor». «Veníamos satisfechos ya con el trabajo previo», explicaron. Llevaban tiempo trabajando en un bocado que reivindicaba los productos cercanos y con el que lograron «los matices que queríamos». El plato, impreso en 3D con la forma de la provincia de Burgos, y un crujiente que evocaba su catedral completaban el viaje.

La cita de la Asociación de Hosteleros Altamira dejó un premio pendiente: el popular. Se podrá votar en E.Leclerc hasta el día 16 y el 17 se conocerá el resultado. Entre quienes participen se sortearán 150 euros, otro buen motivo para dar su propio veredicto. Ahora el juicio pasa a las barras, donde los clientes podrán opinar con conocimiento de causa y el plato vacío.


Fuente original: Una falsa morcilla para un oro de verdad