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Un símbolo de color azabache

Acostumbrados a recorrer los Montes Obarenes en semilibertad, los autóctonos del Valle de Losa ayer conquistaron el campo de fútbol de la estación de Pancorbo. Con su pelaje azabache y brillante consiguieron los piropos de los visitantes que se acercaron a la X Feria del Caballo Losino, que pretende dar a conocer esta variedad equina tan única y propia de la zona. «Esta raza estaba en peligro hace unos años y la intentó recuperar un vecino de Pancorbo, Ricardo de Juana, porque consideraba que se trataba de un caballo ancestral, el más antiguo de la comarca. Hizo un trabajo muy duro para encontrarlos y emparejarlos. Ahora tenemos que cuidar al losino y valorarlo. Aquí hay cosas maravillosas y no las estamos cuidando, les falta popularidad», opinaba la concejala Julieta Valverde.

La decena de ejemplares expuestos entre verjas generaban curiosidad entre asistentes como Irene Jiménez. La niña observaba con atención la corpulencia de un losino y lo comentaba con su padre Alejandro. «¡Ala! Son muy chulos», afirmaba encantada con la visita y amante de este animal. «Ya conocía la raza, una vez pude verles en libertad y me parecieron majestuosos en mitad del monte, muy bonitos, aunque nunca les había visto desde tan cerca», aseguraba el progenitor. A su lado, una aficionada a los caballos recababa información sobre la raza. «Tienen el tamaño perfecto para trabajar con ellos, son muy ágiles y atractivos para el público. Me gustaría criar alguno porque están en peligro y así ayudaría a preservarles», aseguraba Irene Herrero, quien dispone de una yeguada en Monasterio de la Sierra. 

Mientras Irene intentaba acariciar a otro losino, una calesa con varios turistas cruzaba la explanada. En el carruaje se encontraban Óscar Villabra y su hijo Marco. «Ha sido muy divertido el paseo, hemos dado una vuelta y se iba fresquito y cómodo», comentaba el menor. «Venimos desde Peñaranda de Duero para ver a esta variedad, nos parecen muy bonitos, pero nos esperábamos más ejemplares en la exhibición», añadía su padre. 

La demostración de herraje en directo de José María Ibáñez concentró a un corro de visitantes a su alrededor. Con minuciosa cautela, preparaba a la yegua para incorporarle unas nuevas herraduras. «El herraje sirve para que no se hagan daño al caminar, para los caballos son como sus zapatos. En este caso la herramos a fuego, para que la pieza se moldee mejor a su pezuña y se eliminen las bacterias que pueda traer», explicaba el profesional mientras ejercía su labor. 

Fuente original: www.diariodeburgos.es