Mantener la estética de pueblo y conservar los edificios más antiguos de la localidad con el mismo aspecto es casi una obsesión para el alcalde de Rubena, Ismael Ruiz. Y eso es justo lo que ha hecho con el inmueble contiguo al Ayuntamiento, del siglo XVII, que ha sufrido una reforma interior íntegra para convertirse en una coqueta vivienda. «Nos interesaba y pudimos comprarla. Si hubiera caído en otras manos seguramente hubieran hecho ventanas más grandes o directamente derribado, lo que hubiera sido una pena», comenta.
La posada, como la llaman ahora, siempre se ha conocido en la localidad como la casa de la tía Joaquina o la casa de los gatos, por la cantidad de felinos que entraban o salían de ella. Esto último también se ha querido mantener. En el marco de la puerta de cada habitación hay una pequeña placa con un felino y en el llavero también.
Lo de posada viene por el uso que el Ayuntamiento quiere dar al edificio. Una opción es como centro de noche, para que personas mayores que vivan solas en sus casas puedan acudir a ella para pernoctar en condiciones acogedoras. De hecho, de esa idea, nació el proyecto de su remodelación. La otra utilidad, y que así ha sido como se ha estrenado, tiene que ver con prestar alojamiento a aquellas personas que llegan al municipio para participar en algunas de sus múltiples actividades culturales.
Ya han pernoctado en ella los participantes de la residencia artística del ciclo Música Callada o los del Festival de Artes de Calle. También, durante 15 días, empleados de Ineco, empresa pública española de ingeniería y consultoría del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible habitaron la posada. Por las mañanas realizaron su trabajo y por las tardes dieron formación a los vecinos relacionada con manejo en nuevas tecnologías.
La casa está repartida en tres plantas. La baja, por la que se accede, con cocina, comedor, sala de estar y donde se atisba la presencia de una bodega que se ha apostado por mantener. En la primera planta hay dos habitaciones dobles, con baño cada una; y en la entrecubierta un pequeño apartamento , donde comparten el mismo espacio la cocina, la sala y la cama.
En ella se han mantenido los huecos de ventanas y puertas, y paredes y vigas originales, que han precisado de tratamientos especiales de conservación. Como sistema de calor se ha optado por suelo radiante que se alimenta de una caldera de pellet ubicada en los bajos del Ayuntamiento, y que suministra, además de a la posada y a la casa consistorial, a la cantina y a la vivienda de la persona que la atiende, ya que los tres inmuebles están contiguos. Una reforma similar se hizo con la antigua casa del cura, donde hoy en día realizan su trabajo emprendedores y donde existe un gran espacio de usos múltiples
A falta de cerrar algunos flecos, el Ayuntamiento está cerca de finalizar la compra de otro edificio emblemático de la localidad con un doble fin, que se mantenga su estructura original y conseguir un nuevo espacio para uso común de los vecinos.
Nuevo edificio. En este caso no se trata de reformar, sino de construir, y de hacerlo además en una zona degradada de la localidad, pero a la vez céntrica. El Consistorio planea levantar un edificio para que albergue la función de almacén municipal. Para ello usará dos fincas (donde antes hubo dos edificios que se han venido ya abajo) y que tienen salida a dos calles con una altura diferente.
Esta circunstancia les permite jugar con la opción de hacer primero una planta, a la que se accedería a pie de calle desde la zona más baja. Eso supone que en la parte más alta se ganaría toda una explanada con la que sería la cubierta de este edificio. «Sería una continuidad de la calle de arriba, como una especie de plaza, en la que se pueden poner bancos y hacer una especie de mirador», comenta el alcalde, al que le espanta la idea de construir un «almacén tipo nave». El tiempo y las necesidades municipales marcarán si esa plaza desaparecerá al crecer hacia arriba ese edificio de almacén, que también conservará la estética rural.
Fuente original: www.diariodeburgos.es