La otra historia del asalto carlista a Villarcayo

Se define como «hacedor de mapas y curioso de la historia». A Pepe Casado, quien ocupó durante muchas legislaturas un sillón en la Corporación Municipal del Ayuntamiento de Villarcayo, no le gustan las etiquetas. Hace ya 30 años que este cacereño, villarcayés de adopción, se asomó a la historia de la villa por casualidad, al ver unas «casas quemadas» en el plano del proyecto de fortificación de la villa que consultó mientras realizaba un trabajo para la asignatura de Historia Urbanística en la Universidad del País Vasco. Aquellas viviendas eran las que ardieron el 18 de septiembre de 1834 durante el asalto de las tropas carlistas.

De aquel pequeño descubrimiento en un plano fue naciendo una curiosidad que le ha llevado a dar hasta una veintena de conferencias sobre sus investigaciones alrededor del asalto protagonizado por los carlistas y del que los villarcayeses se defendieron con éxito. En cada una aportaba nuevos datos hasta que llegó el momento en que el material era más que suficiente para escribir un libro. Se titula Pastor de almas. Pero había de ser ameno y para ello, Casado decidió crear una sucesión de relatos y novelar estos hechos históricos, uniendo ficción y realidad a través de un personaje real, el sacerdote villarcayés Felipe Bustillo, tío abuelo de Encarnación Bustillo Salomón, la pintora que da nombre al Centro Intergeneracional.

Bustillo, familiar de abogados y militares, reunía todos los ingredientes para servir de hilo conductor a diferentes episodios históricos ocurridos entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Así que el libro se ha convertido a la vez en «una biografía, una reconstrucción histórica o en ficción cuando hablo de hechos no documentados que sirven de hilo conductor», resume Casado.

Mediante un trabajo de investigación de muchos años, en el que ha buceado en numerosos diccionarios de la época, el autor también recrea la atmósfera de un Villarcayo que entonces solo sumaba 250 almas, así como la del resto de la comarca. Otro de los ejercicios más difíciles a la hora de escribir su primer libro ha sido el de entrar en la mente de un sacerdote del siglo XIX y recorrer sus pasos por el seminario, el diaconado y los distintos escalafones de la iglesia.

Para Casado, la intención de los carlistas de hacerse con Villarcayo buscaba «desahogar el frente norte y unir las fuerzas del norte con las del cura Merino para tomar fuerza en la vieja Castilla en puntos estratégicos como Santander, donde hubo un asalto fallido en 1833». Se eligió la villa, a juicio del investigador, porque «era un bastión isabelino y teóricamente el más fácil de conquistar, porque la guarnición se situaba en Medina».

Pero las tropas que llegaban de Quincoces de Yuso y entraron a Villarcayo hacia las seis de la mañana dieron con valientes vecinos y una pequeña guardia urbana que resistió. Casado cree que, «si se hubieran hecho con Villarcayo, posiblemente habrían cambiado bastantes cosas en la historia de España». Lo que sí cambió fue el futuro de la villa, que «pasó de ser un bastión liberal e importante cruce de caminos a convertirse en un centro militar de primer orden que influye en la decisiva batalla de Lutxana y la posterior conquista de Bilbao o en la batalla de Ampuero». La relevancia que alcanzó Villarcayo se tradujo en hechos como que acogió a 6.000 soldados portugueses y soportó un gran tránsito de militares. Casado avanza que le queda mucho de esta historia por contar y quizás se atreva con un segundo libro sobre este hecho histórico.

«Creo que era necesario que se pusiera orden a un montón de datos y espero que este trabajo sirva para que otros jóvenes historiadores sigan profundizando en la historia de Villarcayo», concluye el autor, que hoy viernes presenta su libro en el Centro Intergeneracional Encarnación Bustillo, a las 18 horas. A continuación pronunciará el pregón conmemorativo del Asedio carlista a Villarcayo. El baile del grupo de danzas de Villarcayo y una parrillada popular junto a la música del Dj Dani RDV recordarán el hecho histórico.

Fuente original: www.diariodeburgos.es