A la pata coja por un nuevo hogar

La iglesia de San Cosme y San Damián de Poza de la Sal acogió ayer por la tarde, porque era el primer domingo después del 3 de febrero, a un grupo de feligreses encabezado por cuatro jóvenes parejas y una jaula con un gallo y un conejo. La pintoresca comitiva acudió al templo para entonar una salve en honor a San Blas. El motivo de la reunión era la celebración de la Fiesta del Escarrete, una tradición que está considerada Interés Turístico Regional de Castilla y León. «Hay mucha unión en esta tradición, es una cosa muy bonita de ver y muy propia del pueblo», valoraba Quirina Padrones, una vecina de la localidad que nunca falta al acto. 

Tras el cántico, los protagonistas recorrieron las calles de la villa acompañados por la Banda de Música de Poza de la Sal. La pequeña ruta partía del templo para cruzar por la Plaza Vieja y pasaba por el Arco hasta desembocar en la Plaza Nueva. Con el templete de testigo, tanto vecinos y visitantes, como mozos y cofrades formaron un gran círculo. En el centro de este, los jóvenes pozanos, nerviosos, se preparaban para la actuación, mientras se ataba en una estaca de metal al primer animal, el gallo. Y con él, llegó también el primer baile. 

Para empezar, los muchachos, vestidos con sus pantalones marrones y sus chaquetas rojas, bailaban alrededor del gallo a la pata coja. Al difícil movimiento se le unió la complicada pose corporal: un brazo en jarra y con la otra mano debían sostener una espada decorada con una escarapela y largas cintas de colores. Tal demostración de equilibrio constó de dos vueltas en torno al animal, que se encontraba postrado y atado de una pata. «Ya bailé el año pasado, es mi segunda vez. A la gente mayor le gusta verte y supone una excusa para volver al pueblo este finde», explicaba Iago Urcelay, que aseguraba que participando en esta actividad «te sientes más pozano». 

Cuando Iago, Unai, Ander y Asier hubieron girado alrededor del gallo, fue el turno del conejo. Pese a que el pequeño animal pelaje negro se resistiese a ser atado, luego se quedó embelesado con la danza del Escarrete. Los muchachos, en esta ocasión, se turnaron la danza con las chicas, quienes lucían sus trajes típicos regionales a conjunto con unos velos blancos en la cabeza y largos collares de perlas. «Participo porque se trata de una tradición que se lleva haciendo muchos años en Poza», aseguraba Gadea Padrones, una de las mozas que se estrenaba en la fiesta y que llevaba practicando la danza desde finales de enero. Pero ella no ha sido la única de su familia en formar parte del grupo de mozos, «mi padre también actuó hace muchos años», recordaba la joven. 

Tras la demostración de Gadea, Maialen, Ainhoa y Clara, los animales se volvieron a poner a buen recaudo en su jaula, pero la música no cesó y los protagonistas danzaron en corro girando en torno a su compañero Javier, quien representaba la figura del pollero. Los pasodobles continuaron sonando y, para bailarlos, se formaron las cuatro jóvenes parejas. Antaño, estas estaban compuestas por aquellos pozanos recién casados o a punto de contraer matrimonio que buscaban en este rito la prosperidad para su nueva vida. Sin embargo, ahora participan aquellos lugareños que gusten hacerlo. «Antes del acto sí que aparecen los nervios, pero, al final, estás en casa y conoces a la mayoría», declaraba Asier, otro chico que participaba por primera vez.

Como broche final, cada protagonista sacó a bailar a un miembro de su familia, y junto a sus orgullosos padres, abuelos, novios y tíos disfrutaron de la jota pozana. Después, los espectadores más atrevidos les acompañaron en una danza dedicada a la Virgen de Pedrajas, la patrona de la villa salinera, formando otro gran corro. 

Fuente original: www.diariodeburgos.es