Adiós a la prisión que el Estado vendió a una constructora

El horizonte  de Salas de los Infantes ya no es el mismo, sino una prueba más de cómo el paisaje urbano, al igual que el natural, se modifica con el paso del tiempo y la acción del hombre. Hace unas semanas comenzó el derribo de uno de sus edificios más históricos y emblemáticos, conocido como la cárcel y que en realidad fue una prisión preventiva. Ubicado a pies de la carretera que une la ciudad milenaria con la capital, el singular inmueble, en un avanzado estado de abandono y con riesgos de derrumbe, ya no dirá adiós o bienvenidos a quienes transiten por esta vía, que se encontrarán solo con un amplio solar, propiedad ahora de la constructora Peache, donde la previsión durante muchos años fue levantar nuevas viviendas.

La cárcel de Salas, más que nunca, ya es historia. Una historia que se remonta a principios del siglo XX, como recoge Diario de Burgos en sus páginas del 25 de febrero de 1908. En ellas informa a sus lectores de que ‘el Rey firmó ayer un decreto creando la junta de construcción para la nueva prisión de Salas de los Infante’». Por entonces gobernaba Alfonso XIII y varios años antes, como apunta Alberto Bengoechea en su libro Historias de Salas II,  ya había documentos escritos que urgían a la construcción de una cárcel nueva haciendo referencia al estado de la que había entonces. «Se habla de calabozos húmedos e insanos, olores apestosos y hacinamiento de presos. La cárcel no solo era un peligro para los presos, sino para toda la población salense pues el local podía convertirse en un foco de extensión de epidemias».

Por todo ello, a comienzos del siglo XX se iniciaron los trámites para su edificación. Así, de nuevo el Diario de Burgos del 6 de junio de 1908 comunica que la Junta de Construcción de la nueva cárcel de Salas abre concurso público para ‘adquirir los planos y  proyectos necesarios, debiendo constar la construcción de planta baja y principal y han de instalarse en ellas las dependencias y oficinas del Juzgado de Instrucción, habitaciones para el jefe de la cárcel y celdas para reclusos en número de dieciséis sin limitación de terreno y procurando no tomar superficie excesiva’. El anuncio está firmado por el presidente de la Junta, José Pérez y el secretario de la misma, Leonardo Molinero. 

Las labores de demolición comenzaron a realizarse por la parte trasera del inmueble. – Foto: F2estudio

El proyecto, como recoge Alberto Bengoechea, se inició con el acuerdo del Ayuntamiento de Salas y de otros pueblos pertenecientes a su partido, de contribuir con una peseta por habitante para la construcción en dos años (luego fue mucho más tiempo) de la nueva prisión preventiva. «Jesús Aparicio se encargó de cobrar las cantidades a estos pueblos. En 1924 Quintanar de la Sierra, Hontoria del Pinar, Salas de los Infantes, Huerta de Rey, Valle de Valdelaguna, Palacios de la Sierra, Canicosa de la Sierra, SantoDomingo de Silos y Araúzo de Miel contribuyeron con más de mil pesetas cada uno. En total, se pusieron a disposición de la Inspección General de Prisiones 29.609 pesetas», según aparece en la publicación. 

El proyecto de construcción del edificio se dilató en el tiempo, ya que 20 años después de que Alfonso XIII diera la orden, esta prisión preventiva aún se encontraba en fase de ejecución. Así puede extraerse de noticias publicadas en diferentes medios el 4 de abril de 1928. «En el expreso ha marchado con dirección a Madrid el director de Prisiones, que ha permanecido aquí el tiempo preciso para hacerse cargo de la nueva cárcel del partido de Salas de los Infantes y para visitar las obras que se realizan para la construcción de un penal en esta ciudad. A despedir a la citada personalidad acudieron a la estación las autoridades y numerosos jefes y oficiales de Prisiones», informaban los textos recopilados por el salense Diego Montero. 

Durante la Guerra Civil. La época en la que más movimiento de entradas y salidas se experimentó en esta prisión coincidió con la Guerra Civil, como muy bien refleja Jesús Cámara en su libro Memoria Emparedada. En el ejemplar, además de nombres de personas que ingresaron y su localidad de origen, también ofrece detalles de fosas comunes del entorno donde fueron conducidos y asesinados. En referencia la cárcel explica que: «Unos ingresaban a la prisión para ser conducidos a la capital y otros hasta recibir informes de personas que considerasen dignas por si había o no lugar a proceder con ellas». 

Jesús Cámara también habla de que los gastos que ocasionaba esta cárcel se cubrían con aportaciones de los municipios del partido judicial y recuerda que las labores de carcelero durante su primera época las realizaba Amalio Rojo, empleado del Ayuntamiento de Salas y que renunció a su cargo en abril de 1937. «Recibía instrucciones del teniente de la Guardia Civil de que tenía prohibido terminantemente que si sabía alguna noticia referente a los presos  que salían de la cárcel y el destino que se les daba no lo dijera a nadie», recoge la publicación, donde también se reseña que los presos no podían recibir visitas de familiares sin la autorización del teniente. 

La última persona que ingresó en esta prisión preventiva lo hizo el 6 de febrero de 1983, como se puede extraer del libro de registro de entradas y salidas de este penal que guarda Ángel Martínez, concejal de Vox en el consistorio salense. Lo recogió entre los escombros un día que entró en el edificio, que se construyó de una sola planta y con un patio central en cuyo perímetro se encontraban las celdas. «Las primeras 84 páginas de este libro están arrancadas. En él constan las personas que entraron entre julio de 1960 y febrero de 1983. Entiendo que a partir de esa fecha ya no hubo ningún ingreso más», comenta el político salense. 

Con la falta de utilización comenzó el deterioro del edificio y también la sorpresa. «Nos enteramos de que  había pasado a ser propiedad de una constructora cuando la nueva propietaria puso un cartel delante de la fachada», relataba unos días antes de fallecer Romualdo Pino, alcalde de Salas de los Infantes entre 1983 y 1999, que aseguraba que en el ayuntamiento de la ciudad milenaria no tuvieron constancia en ningún momento de que se hubiera sacado a subasta. «Desconocemos cómo se llevaría a cabo esa gestión».

«Que os paso el puente». El que fuera regidor de Salas durante 16 años recordaba que una vez que se enteraron fueron a Madrid, a Instituciones Penitenciarias, para conocer de cerca la tramitación y ver de qué forma se podía proceder para intentar que el edificio revirtiera a Salas. «Nos dijeron que la operación estaba cerrada, que no había nada que se pudiera hacer, salvo llegar a un acuerdo con la constructora y comprárselo, pero en esos momentos el Ayuntamiento de Salas no estaba en condiciones de poder hacer eso», relataba. 

Pino evocaba anécdotas relacionadas con este edificio, como la del carcelero encarcelado. «Unos presos que habían llegado le quitaron la llave, le metieron en la celda y se marcharon dejándolo allí encerrado», contaba sin poder evitar la risa.  El exalcalde también mencionaba una frase que se solía decir como advertencia de envío a esta prisión, ubicada en el barrio de Costana, tras cruzar el Arlanza. «Pepe Martínez, que fue alcalde, cuando había algún lío de cuadrillas o de juerga solía decir: ‘chiquitos, que os paso el puente’, como diciendo, cuidado que os mando a la cárcel». 




Fuente original: www.diariodeburgos.es