Hace cien años, buena parte de esa maravilla que es la iglesia de Santa María la Real de Sasamón estaba hecha unos zorros, especialmente su claustro, una joya del siglo XV atribuida al gran arquitecto de origen alemán Juan de Colonia. Los avatares de la historia dieron al traste con buena parte de la bella colegiata: la ocupación napoleónica, un pavoroso incendio y las desamortizaciones dejaron el templo en un ay. Así lo explica Agustín Rilova en su estudio El Camino con las huellas del Apóstol: «La ruina de la iglesia era casi total: se derrumbó la mitad de la fábrica, su claustro y desaparecieron diversas edificaciones anexas. No obstante, la vida continuó y se levantó un gran muro que dividió el templo en dos, quedando una mitad en ruina total y la otra destinada al culto. El claustro procesional se convirtió, además, en cementerio parroquial (…) La situación del edificio a comienzos del siglo XX no era favorable, presentando importantes carencias y necesidades».
El asunto estaba feo cuando, a finales de los años 20 del pasado siglo, un golpe de suerte (si así puede llamarse a una venta de patrimonio) permitió recuperar una de las partes más importantes y lustrosas del templo: el claustro. En aquel momento,España era una almoneda artística. Como explica maravillosamente la historiadora María José Martínez Ruiz en la obra La destrucción del patrimonio artístico español, en el arranque del siglo XX concurrieron las circunstancias precisas para que esto fuera así: la difusión de vestigios artísticos de distintas épocas y géneros así como la existencia de una fuerte demanda de antigüedades en el mercado internacional, que había experimentado, además, un interés creciente por el Medievo europeo. Pinturas y esculturas se llevaron la palma, y miles de obras salieron del país.ç
Pero también sucedió con tapices y alfombras.«En Estados Unidos se pagaban cantidades suculentas por los paños y la demanda era considerable, pues al coleccionismo tradicional se unía el gusto por decorar las nuevas mansiones con mobiliario y tejido históricos procedentes del viejo continente», escribe Martínez Ruiz.Así, en aquellas décadas salieron de España «notables ejemplares», unos cuantos de Burgos, caso de dos paños flamencos procedentes de la Catedral (se trata de ‘Natividad y Victoria de la Paz’ y ‘La Misericordia’, ambos, pertenecientes a la serie ‘Historia de la redención del Hombre’, se conservan en el Metropolitan Museum of Art de de Nueva York desde 1938). Hubo más, claro.
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