Alertan de la merma de truchas en Burgos por los cormoranes

El cormorán, un ave acuática que se alimenta de peces que captura zambulléndose bajo el agua, ha encontrado en el entorno de la presa de cola de Los Vados su particular paraíso, lo que está provocando la merma de la población de truchas y otras especies que habitan en el Arlanza y el Pedroso. «Son cazadores natos, depredadores, están matando estos ríos tradicionalmente trucheros», alerta Luis Alberto Simón, presidente de la Asociación de Pesca Pinares, que cuenta que desde que se llenó esta zona de la presa de Castrovido se ha venido notando un aumento de la colonia de estos pájaros que habitan en la costa y que migran a zonas acuáticas del interior los meses que les es más complicado pescar en el mar. 

Desde la asociación, que avisan de que el número de ejemplares es elevado, piden públicamente a las administraciones que permitan su regulación en la provincia de Burgos, como sí han posibilitado en Soria, Ávila, León o Palencia. «Allí la Junta ha autorizado el control poblacional, estableciendo un cupo de 200 en cada provincia», explica Simón, que detalla que este pájaro, protegido en Burgos, no encuentra en la sierra depredadores naturales, a diferencia de en el mar, donde sirven de alimento a orcas o delfines. «Antes venían un mes y ahora están seis o siete, e incluso algunos se quedan a criar. No hablo de exterminarlos, pero sí de controlarlos, algo que es fácil».

Desde la asociación de pescadores califican la situación como de «bastante grave», y detallan las consecuencias que está suponiendo la superpoblación de cormoranes en las cabeceras y primeros kilómetros de Arlanza, Pedroso y sus afluentes.

«Atacan a las truchas en su momento más vulnerable, cuando se reproducen y remontan los ríos. Si suben 50 o 60 madres se comen 40. Son un peligro nuevo para ellas que todavía no tienen asimilado», cuenta Simón, que afirma que el cormorán, al no estar en su hábitat natural, está desplazando a otras especies, como los patos o somormujos. «Son muy agresivos», afirma el presidente del colectivo, que asegura que no tiene nada en contra del pájaro, «que solo quiere comer», pero sí de la impasividad para controlar su población.

Desequilibrio. La presencia de este ave, según Simón, está provocando que se rompa el equilibrio natural de estos caudales, que son para él «un banquete», ya que encuentra piezas fáciles, comiendo entre 2 y 3 al día. «Está matando al rey del río, que es la trucha, el que controla todo. Si no está, crecen otras plagas, como la de cangrejos o pequeños insectos. Es todo una cadena», cuenta Simón.

Todo ello, como afirman desde la Asociación de Pesca Pinares, que defiende la captura sin muerte, promueve voluntariado de limpieza de ríos y hace cursos, recuerda cómo esto puede afectar a la economía de la zona. «Permisos, comidas, alojamiento… los pescadores han sido tradicionalmente un sustento económico en pueblos de esta comarca. Si no hay truchas que pescar, todo ello se verá perjudicado».



Fuente original: www.diariodeburgos.es