Hacía mucho tiempo que el obrador del Monasterio Cisterciense de Villamayor de los Montes no registraba una actividad tan elevada como la de estos días. El pasado verano, en una de las temporadas con mayor demanda de sus dulces, el vetusto horno que utilizaban desde hace dos décadas dijo basta. Una de las tres bandejas dejó de funcionar de la noche a la mañana, mientras que las otros dos lo hacían al ralentí.
Las hermanas que elaboran todo tipo de deliciosas creaciones gastronómicas han recobrado nueve meses después la normalidad gracias a las donaciones de centenares de ciudadanos anónimos que se volcaron con su campaña de captación de fondos. Ante el imprevisto, las religiosas, siempre con mucha discreción y sin grandes reivindicaciones, abrieron una cuenta para recibir aportaciones económicas… y la solidaridad se hizo paso. «La gente se ha volcado. Quien podía más, con más, quien menos, con menos, pero hemos recibido un montón de muestras de apoyo. Estamos infinitamente agradecidas», reconocen desde el cenobio burgalés.
Al tratarse de una pequeña comunidad -son siete hermanas, cinco en el obrador- no pueden competir contra las grandes marcas de la industria del dulce. «La gente creo que valora el producto y quién está detrás», indican. Tras semanas de retrasos en la reparación de la máquina y su reinstalación, la producción ha vuelto a incrementarse en el interior del obrador.
«Tuvimos que reducir bastante, pero ahora confiamos en poder recuperarla», apuntan. Aunque por fuera es el mismo horno, por dentro ha cambiado radicalmente: cuenta con un programador digital y múltiples modalidades de las que hasta ahora no disfrutaban para mejorar la cocción de las pastas. Además, dispone de un programador que les evita tener que pegarse un buen madrugón para encenderlo horas antes de iniciar la elaboración.
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