La administración regional, en el caso de Burgos la Junta de Castilla y León, es la encargada de tramitar la autorización de los parques eólicos con una potencia instalada inferior a los 50 MW. En su deber reside que los inversores en energías renovables no incumplan la estricta normativa medioambiental, aunque ello suponga limitar su funcionamiento hasta extremos casi insospechados.
Es el caso del proyecto Berg I, con una potencia de 49,76 MW, ocho aerogeneradores y cuyas infraestructuras se repartirán entre los términos municipales de Villaescusa la Sombría, Arraya de Oca, Cerratón de Juarros, Valle de Oca, Alcocero de Mola, Barrios de Colina y Arlanzón. Su declaración de impacto ambiental acaba de obtener el visto bueno y que se tiene que acoplar a un sinfín de restricciones en caso de que sus promotores decidan continuar con el proyecto. La más llamativa es la limitación del funcionamiento de los 8 aerogeneradores planteados en las horas crepusculares, al menos, entre julio y octubre, ambos meses inclusive.
Esta medida busca proteger a la fauna, sobre todo a los murciélagos, especialmente en sus momentos de máxima sensibilidad. Este periodo, comprendido desde una hora antes del ocaso hasta tres horas después y entre el 1 de julio y el 31 octubre, coincide con las velocidades de viento, horas y fechas más activas para los quirópteros. Es más, la resolución a la que ha tenido acceso este periódico certifica que si, a pesar de ello, durante el seguimiento ambiental se detectara una alta mortandad de aves o murciélagos, se tomarán medidas como la instalación de sistemas de detección en dichos aerogeneradores, disuasorios o anticolisión automáticos, paradas temporales y/u horarias de aerogeneradores u otros.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es