Barry B: «Aranda es mucho amor o mucho dolor, no hay término medio. Es lo máximo cómo me quieren»

Recién aterrizado de Londres, previo paso por Segovia, ayer llegaba Barry B a Aranda de Duero para dar el primer concierto estelar de las fiestas patronales, después de protagonizar el saque de honor en el partido del Tubos Villa de Aranda, junto a la Corte Real y con la ineludible equipación amarilla, en un pabellón que se vino abajo al verle. El joven que ha crecido como persona en esta capital ribereña, con sus cosas buenas y sus cosas malas, que de las dos le ha tocado vivir como a todos sus vecinos, pero detrás del artista que triunfa en el panorama nacional e internacional, a sus 32 años, antes de subirse al escenario regresa Gabriel Barriuso, aquel niño que vivía estos días con la emoción a cada instante. Ese sentimiento volvía a aparecer ayer, minutos antes de compartir su directo con los suyos, y se lo contaba a Diario de Burgos en una charla personal.

Has tocado ya en el escenario principal de Sonorama y dos veces en la plaza del Trigo, este año con megabandera de Aranda incluida. Pero un concierto en las fiestas patronales de tu pueblo es algo diferente. ¿Cómo te enfrentas a él?

Siempre que vengo a Aranda tengo una sensación rara. Me da muchísimo más respeto que cualquier otra ciudad. No sé, porque soy de aquí y conozco a mucha gente. Está toda mi familia, que es mi tribu, gente con la que me he criado, amigos de amigos… Aquí todo el mundo se conoce. Entonces, hay un punto extra de intimidación y de respeto. Pero también está bien, porque vengo a las fiestas, que son el sitio en el que empecé a salir y a socializar en el pueblo. Cuando eres chaval, las fiestas son la mejor excusa que tienes para estar una semana por ahí.

ENTREVISTA | Después del éxito de su primer disco, el cantante arandino Barry B regresa a la tierra que le vio nacer para ofrecer un concierto en el día grande de sus fiestas patronales. Un espectáculo con un importante componente emocionalAntes del emocionante concierto en las fiestas patronales, Barry B hizo el saque de honor en el partido de Asobal del Villa de Aranda. – Foto: Iván López

¿Es diferente tocar para los tuyos?

Muchísimo. Hemos tocado en el escenario principal de Sonorama y los dos años en la Plaza del Trigo fueron increíbles. De hecho, gracias a esos conciertos se me quitó un poco el miedo de sacar la bandera y defender de alguna manera a mi pueblo.

Siempre tiene un punto de carga emocional defender el sitio en el que has nacido, tenerlo por bandera. Nunca había sido demasiado partidario de todo eso hasta que te toca enfrentarte a ello y descubres que puedes hacerlo gracias a la música. La cosa que amas también puede ser la cosa con la que estás defendiendo a tu pueblo. Y eso me hace muchísima ilusión. Es un orgullo. Siempre es un puto orgullo tocar aquí y estar aquí.

Antes de la cita nocturna, le dio tiempo a hacer el saque de honor en el partido del Tubos Villa de Aranda

Y además estas fiestas tienen mucho que ver con tus recuerdos de infancia.

Sí. He vivido mil bajadas con mis abuelos. Mi abuelo era de la Peña El Cubillo y, además, era uno de los que estaban al frente de la peña. Era una tradición muy importante para él. Antes estaban los toros y todo eso, y ahora ya no están, pero la bajada de las peñas, las fiestas… Todo formaba parte de mi infancia. Y ahora que me has hecho recordarlo, me he emocionado un poco y entiendes mejor cuál es la carga emocional que tiene este concierto.

¿Y qué tiene Aranda que hace que tocar aquí te imponga tanto?

Aquí somos un poco el pueblo galo de Astérix y Obélix. Los arandinos tenemos nuestra movida y somos diferentes al resto. Siempre lo he visto cuando he ido a otros sitios. Y ahora estoy tocando para ese tipo de personas. Además, los de Aranda sabemos que aquí cuesta mucho hacerte valer con tu trabajo. A mí siempre me lo habían enseñado así. Y de repente he visto que se ha podido. Y pienso: «Menos mal». Porque aquí es mucho amor o mucho dolor. No hay término medio.

Y ahora eres uno de esos artistas que han conseguido hacerse un hueco fuera y que también es reconocidos en su propia ciudad.

Sí, es increíble. Pero no soy consciente hasta que vuelvo aquí. Lo que más me gusta es ir al Central o a La Tramoya, sentarme en una terraza y tomarme mi birra tranquilo. Eso siempre ha sido así. Y de repente la gente te conoce. Es un síntoma de que la cosa va bien, de que el trabajo funciona. A veces te quita un poco de espacio personal, pero creo que es mucho más positivo que negativo. Si en tu pueblo te reconocen para bien, siempre es positivo. Es la hostia. Es muy difícil explicarlo porque es una emoción que va desde el miedo, porque es el sitio donde has nacido, hasta la mayor alegría que puedes tener. Que en tu pueblo se te quiera un poco es el máximo.

He llegado aquí en un 90% por mi familia»

¿Te sientes ya un referente para los arandinos?

Creo que es mejor no saberlo. Es mejor no pensar demasiado en ello para estar de una manera natural y que no se te suba a la cabeza. Al final soy un chaval más de ellos. No hay nada que me separe de los demás. Me han funcionado unas canciones y ya está. El resto es igual o peor (se ríe sincero). He tenido una vida muy parecida a la del resto. He salido en los mismos sitios que la gente de aquí, he trabajado en sitios de Aranda, en restauración, en ingenierías… Conozco a la gente de aquí y he hecho bodas en Los Rastrojos, en Torremilanos, en El Ventorro… Conozco a esa gente trabajadora. Mis padres son supercurrantes. Nunca llego a ver lo que soy hasta que, de repente, las canciones llegan a la gente. Y eso es lo que hace especial toda esta movida.

Has mencionado a tus padres y antes a tu abuelo. ¿Qué significa para tu familia verte ahora en este punto de tu carrera?

Para ellos era muy difícil tomárselo en serio porque la música es un mundo muy complicado. Pero de repente ven que funciona y están superorgullosos. Mi padre reparte vino y va por la calle y le dicen: «Coño, el padre de Barry B, que hoy toca». Y que me lo diga, me llena de orgullo. Mi padre es mi máxima referencia como hombre y si él se siente orgulloso de mí, es como darle la vuelta a la tortilla. Es como que realmente me ha dado el relevo. He llegado hasta aquí en un 90% gracias a ellos, a mi padre, a mi madre y a mi familia. Que me vean así y estén orgullosos es uno de esos puntos vitales de la vida que ya están hechos.

¿Y cómo has preparado este concierto tan especial para ti?

Hemos conseguido que los conciertos sean bastante especiales siempre. Pero este, aunque Diego no ha podido venir porque tenía bolo en Mallorca, sí va a subir Sam, un amigo mío de la infancia con el que formé Los Girondins, el grupo que tenía aquí. Va a tocar una canción que hice con él, Kit Kat. También va a subir Ralphie Choo y Gara Durán. Y habrá alguna canción nueva del disco. Al final va a ser un concierto entre amigos, tanto los que están abajo como los que están arriba. Tanto que, cuando he visto a Sam en la prueba de sonido, me he emocionado bastante. Con él empezó todo.

«De Aranda y lloras, hijo un demonio’ suena en una canción»

Después de este concierto, no parece que tengas intención de parar.

Estoy terminando mi segundo disco. Hay una canción en la que suena «De Aranda y lloras, hijo un demonio» (desvela con sonrisa pícara). Estamos ultimándolo para ver cuándo sale, preparando el siguiente single… y haciendo todos los ensayos para el Wizink y Barcelona. Son arenas muy tochas en las que tienes que enseñar todas las canciones del disco, así que hay que currar mucho. Creo que en algún momento pararé, descansaré y disfrutaré, pero ahora mismo el tren está bastante lleno de carbón como para parar.

Cuando se enciendan las luces y veas delante a toda esa gente, ¿qué crees que vas a sentir?

Nada, me cago encima un poco y a seguir. Veré lo que tendré delante y pensaré: «vaya liada». Pero luego, cuando empieza el concierto y arranca la música, el chip cambia solo y aparece Barry. De verdad. Ahí ya le dejo hacer a él. Ahora el que te está hablando es Gabriel, pero cuando empieza el bolo aparece Barry B. Él sabe hacer lo suyo y tiene el mindset preparado para ese momento. Así que me pongo en modo bolo y a disfrutar. Sobre todo, a disfrutar de las canciones que tengo y de la comunión con el público. Siempre es así y aquí multiplicado por 100.

Fuente original: www.diariodeburgos.es