Calabaza, la emperatriz del Tozo, en el noroeste de Burgos

Es un espectáculo difícil de describir, como si perteneciera a la escena de algún cuento fantástico creado por una imaginación desbordante, a la manera de Lewis Carrol y su Alicia. Y es que hay un país de las maravillas en el Tozo, más concretamente en San Mamés de Abar; qué un país… ¡un imperio! Uno en el que hay una sola emperatriz: la calabaza. Tres hectáreas, tres, ha cultivado de esta cucurbitácea José Carlos Ruiz, que ya ha comenzado la que promete ser una campaña de recogida histórica. https://suscripciones.promecal.es/DIARIODEBURGOSEn muchos sentidos: tanto por la cantidad que prevé recolectar -unos 80.000 kilos, calcula-, como por la diversidad: supera esta temporada las 200 variedades, un récord que nadie ha ostentado (al menos que se sepa) en España. Ruiz, que hace ahora diez años que decidió apostar por cultivar a lo grande esta planta trepadora, está exultante. Confiando en que no haya alguna helada homicida que pueda torcer las optimistas previsiones, se mueve feliz entre las plantas por el que llama campo de pruebas, esto es, el laboratorio de tierra en el que ha sembrado de forma experimental -y con los mejores resultados- variedades insólitas de esta verdura de otoño: sus llamativos colores y sugerentes formas y tamaños constituyen una fiesta para la vista llena de sorpresas.

‘La Casa de la Calabaza’, que así se llama la empresa que gestiona Ruiz y que lo está petando (tiene una espléndida y muy completa página web: www.lacasadelacalabaza.com, desarrollada por Gestión Informática Atina), empezó cultivando una sola variedad. El año pasado el medio centenar de variedades. Pero ha sido esta campaña cuando ha llegado la locura, consiguiendo más de doscientas. «No hay ningún otro lugar donde se cultiven tantas variedades, esto es algo único», señala este entusiasta emprendedor de San Mamés de Abar mientras acaricia un ejemplar de Turbante turco, como se llama una singular variedad, que es de las más dulces que hay, por eso se emplea mucho en repostería».

Anaranjadas, amarillas, rojas, verdes, blancas, moradas, marrones chocolate, plateadas, azules, negras, doradas… Los colores son tan variopintos como los nombres: Potimarrón, Bonetera Blanca, Delicata, Espagueti,  Cuello de Cisne, Decorativa Pequeña, Cuello Curvo, Cenicienta, Connecticut Field (Tradicional, Blanca y Jack O’Lantern, que son las de Halloween), Vizcaína, Totanera, Buen Gusto, Pepita de Oro, Cabello de Ángel, Moscada, Roteña… De los tamaños, ni hablamos: muy grandes (las hay de entre 15 y 20 kilos, pero Ruiz no deja que crezcan más por inmanejables), grandes, medianas, pequeñas… ‘La casa de la calabaza’, que ya está recibiendo pedidos como si no hubiera un mañana. Casi el cien por cien de las ventas de esta empresa del Tozo se vende por internet, y no sólo el cliente está relacionado con la gastronomía, como cabría imaginar tratándose de un alimento: empresas de decoración, parques temáticos, museos, agencias de publicidad, tiendas…

Lo cierto es que, en efecto, las calabazas son fotogénicas a más no poder, como lo acreditan las espléndidas fotografías que acompañan este reportaje. Para obtener tamaña variedad de calabazas, José Carlos ha importado semillas procedentes de países tan remotos como China o La India, por ejemplo. «Algunas proceden de clima tropical y no sabíamos cómo iban a responder, cómo se comportaban. Y me ha sorprendido ver que han ido todas bien», explica. Tiene aún la mayoría en el campo, aunque ya lleva un par de semanas recogiendo de lo lindo; en el almacén están ya algunas de las más espectaculares (las hay que tienen forma de platillo volante, pueden creerlo), y todas juntas ofrecen una irresistible imagen de bodegón imposible.

(El reportaje completo y más fotografías, en la edición impresa de este domingo de Diario de Burgos o aquí)

Fuente original: www.diariodeburgos.es