Las raíces de Carmen Garrobo, como las de una buena cepa que da uva en la Ribera del Duero, están en Peñaranda. Recuerda el vino como parte de su vida, desde muy niña. «Siempre estuvo presente, pero no desde el análisis, sino desde la emoción», cuenta la sumiller, quien fundó hace 30 años la Escuela Española de Cata, un proyecto que aún dirige y que permite formar anualmente a decenas de personas de varios países.
Aunque su familia ya se había mudado a Madrid cuando ella nació, relata que sus veranos y vacaciones los pasaba en el pueblo. A eso se le sumaba la época de vendimia, 15 días más, en torno al Pilar, en los que Carmen regresaba a Peñaranda. «Tocaba arrimar el hombro, no se libraba nadie», explica, aunque añade que tiene muy buenos recuerdos de aquellos años en los que llegaban al campo en carro y celebraban la vuelta como una fiesta. Aquel contacto temprano con el viñedo le permitió entender la diversidad que existía en las cepas antiguas.
El vino siempre estuvo presente en mi vida desde niña, pero no desde el análisis, sino desde la emoción»
Sin embargo, su camino profesional en el mundo enológico no llegó de manera inmediata. Pese a que su pasión era el vino, durante un tiempo, sin una formación que le ayudase a avanzar en sus conocimientos en este campo, trabajó como docente de cocina para la Comunidad de Madrid. Entonces apareció un curso de sumiller impulsado por la Cámara de Comercio y Carmen participó en la segunda edición que se realizó. «En los 90, la gente de a pie no tenía opciones para aprender sobre el sector», afirma.
«Éramos sólo cuatro mujeres en la segunda promoción del curso de sumiller», recuerda. Para ella, esa experiencia marcó el inicio de un proyecto pionero: la Escuela Española de Cata. Junto a su marido, Arturo Hurtado, comenzó a gestar este servicio de aprendizaje, que arrancó en 1995 como iniciativa autónoma y que en 2006 se convirtió en sociedad limitada. El objetivo estaba claro: democratizar el acceso al conocimiento del vino. «Lo que pretendíamos era que la gente conociese más sobre vino», insiste la sumiller.
En los 90, la gente de a pie no tenía opciones para aprender sobre el sector»
Tres décadas después, la escuela se ha convertido en una referencia nacional e internacional, con alumnos llegados de países como Chile, Perú o Argentina. Su modelo combina formación online y práctica intensiva, con cientos de horas dedicadas a la cata y al análisis sensorial y casi una veintena de docentes al cargo. Garrobo defiende además la independencia como uno de los pilares del proyecto. «No estamos casados con ninguna bodega. Somos libres de comprar los vinos», subraya al referirse a su método de enseñanza.
A pesar de su proyección global, su vínculo con la Ribera del Duero sigue intacto. «Es una denominación tremendamente importante y una referencia internacional», señala. Asegura que aún lo siente como un lugar emocional, ligado a sus orígenes y a su forma de entender el vino.
Éramos sólo cuatro mujeres en la segunda promoción del curso de sumiller»
Ese compromiso se ha reflejado en varias ocasiones a través de iniciativas como las diferentes catas populares que puso en marcha en Peñaranda de Duero junto a la asociación cultural La Cantamora y la propia Escuela Española de Cata. «Llegamos a juntar a casi 300 personas en la Plaza Mayor», relata la sumiller.
Este 2026 le ha traído a Carmen Garrobo el premio Isabel Mijares como Mejor Mujer Sumiller, un reconocimiento que valora «la excelencia, el liderazgo y la contribución de las mujeres que impulsan y transforman la industria vitivinícola». A este galardón se le suma el de Maestros del Vino de la Asociación de la Prensa del Vino, recibido el año pasado, y que señaló a la Escuela Española de Cata como referente internacional en su campo.
Fuente original: www.diariodeburgos.es