Crece la ‘villa de los holandeses’ en Bárcena de Bureba, en Burgos

Adiós a la casa de Hamont-Achel. Mirthe y Rick van Hezik se han desprendido de su vivienda belga por un importe considerable de dinero para perseguir su sueño. El lunes aterrizaron en Bárcena de Bureba, su nuevo hogar, y hoy instalarán en el terreno que han arrendado a Maaike Geurts Tibor Strausz -los propietarios de la mayor parte de las construcciones- la yurta en la que residirán. La primera familia de holandeses establecidos en la aldea -hasta julio vivirán a caballo entre Bélgica y la comarca burebana- se muestra encantada de disfrutar de sus primeras noches en el lugar que han elegido para desarrollar un proyecto sostenible y criar ganado.

El pequeño Vos, de apenas dos años, corretea mientras se llena de barro por las calles sin pavimentar, para después acabar metido en una carretilla que cumple función de bañera. Cuando crezca estudiará en el colegio Mencía de Velasco de Briviesca, al igual que Trisa y Riva -de 9 y 8 años-, las hijas de los impulsores del plan de repoblación y bosque comestible que avanza sin demasiada prisa.

A sus 31 años, Rick cuenta con un «buen trabajo como ingeniero de telecomunicaciones» que le permite teletrabajar desde cualquier lugar y llevar el cambio de vida con el que siempre soñó. No tiene ninguna intención de dejarlo pero sí de recortar la jornada a «tres días semanales» con idea de complementarlo con la rehabilitación de las casas y la plantación de árboles. Mirthe, de la misma edad -por poco tiempo, el próximo lunes soplará 32 velas- se dedicará al cuidado de los frutales, verduras y hortalizas que cultivarán en la finca y del ganado ovino y caprino. Una grave enfermedad obligó a la holandesa a dejar su empleo, por lo que dispone de «todo el tiempo» para poner en marcha sus ideas. Su intención es «vender la leche que produzcan los animales y la lana», explica mientras se dirige al terreno en el que a partir de hoy transformará en hogar. «Queremos ser autosuficientes y aquí se puede», comenta. Las gallinas pondrán los huevos que luego comerán -siguen una dieta vegetariana- y los árboles darán los frutos que incluirán en los menús diarios.

Asimismo, el matrimonio se plantea instalar un sistema de acuaponía junto a la edificación que reformarán «poco a poco» porque de momento no se plantean habitarla. A través de ello también cultivarán peces y plantas de manera conjunta y simbiótica. «El agua donde se mantienen se hace recircular por unas tuberías hasta las raíces. Estas absorben los desechos de los peces, siendo excelente fertilizante, y el agua finalmente regresa al tanque de cría sin necesidad de filtros», explican.

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Fuente original: www.diariodeburgos.es