Han regresado a Aranda cansados, pero satisfechos. Para los tres bomberos que se desplazaron hasta Bembibre, en la comarca leonesa del Bierzo, la experiencia ha resultado tan dura como enriquecedora. Allí, entre montañas abruptas y zonas realmente inaccesibles, compartieron dos jornadas con compañeros de toda España y con los vecinos que no dudaron en ofrecer su ayuda para solucionar, desde problemas logísticos, hasta sujetar la manguera si había necesidad. «Coordinaban comidas, alojamientos, incluso se acercaban a echar una mano si hacía falta. Estaban hechos una piña, y eso se notaba en cada gesto», resume Jesús María García Bravo, uno de los voluntarios.
En primer lugar, se les encomendó la misión de proteger junto a otros compañeros la zona de los Ancares, un espacio natural de gran valor ecológico que se encontraba en serio peligro. Tras unas horas, junto a la UME (Unidad Militar de Emergencia), se sumaron a las labores de extinción en otra zona, en la que la orografía complicaba cualquier tarea y precisaba de medios muy concretos para poder actuar.
«Todo era montaña, muy difícil de intervenir. Buscar un punto accesible costaba muchísimo», relata Jesús, quien aseguraba que no se parecía en nada a la Ribera del Duero. Sin embargo, lo más impactante no fueron las dificultades técnicas, sino la magnitud del incendio. «Impresionaba ver todo el valle ardiendo. Impresionaba de verdad», confiesa.
La orografía de la zona dificulta en gran medida el trabajo a los efectivos. – Foto: Bomberos
En medio de la falta de cobertura y la dificultad para coordinarse, la labor de los bomberos se desarrolló a contrarreloj, conscientes de que cada minuto perdido podía marcar la diferencia. «Un fuego, si lo atacas al inicio, se apaga en segundos. Pero si lo dejas avanzar, ya no hay quien lo pare», explica.
Tras regresar a casa, los voluntarios arandinos dieron el relevo a tres nuevos bomberos que ayudan ahora a la extinción de los fuegos en el valle de Fornela, junto a los forestales. Jesús subraya que la experiencia les ha reforzado como profesionales y como personas. Regresan a Aranda con la sensación de haber hecho lo que había que hacer, de haber estado donde se les necesitaba. Y también con una certeza: que la lucha contra el fuego no entiende de fronteras ni de siglas, sino de solidaridad, compromiso y trabajo en común.
Fuente original: www.diariodeburgos.es