El campo burgalés pagará 30 millones más al año en abono y gasóleo por la guerra de Irán

El campo burgalés pagará unos 30 millones de euros más al año por el aumento del precio del gasóleo y de los fertilizantes que se ha vivido con motivo de la guerra de Irán. Las palabras «incertidumbre» y «especulación» son las que más se repiten desde las organizaciones agrarias de la provincia, que reclaman a las administraciones soluciones inmediatas para frenar esta situación que ahoga aún más al sector y avanzan que el miércoles, día 18 de marzo, protestarán -en unidad de acción- en Valladolid.

Solo el aumento del combustible supone unos 8.000 euros de sobrecoste al año para una explotación de alrededor de 250 hectáreas, según manifiesta David Martínez, presidente de Asaja Burgos. Esto se traduce en un incremento superior a los 30 euros en cada una de ellas y la cifra se dispara si se tiene en cuenta que en la provincia se suelen sembrar unas 370.000 hectáreas de cereal. Aquí la subida ha sido de unos 40 céntimos y llega ya a 1,46 euros el litro, según los últimos datos oficiales publicado en la sede del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

«La incertidumbre que esto genera es el mayor problema, por un lado están diciendo que esto se va a acabar ya y el ministro de Economía nos habla de dos o tres meses de sobrecostes… Nos estamos plantando ya en verano, cuando el consumo de gasóleo es altísimo por la cosecha. Si el Gobierno quiere lo puede frenar porque la mayor parte del precio es de impuestos», afirma Martínez. Las estimaciones de Asaja hablan de que el impacto económico a nivel nacional por el combustible y los fertilizantes puede traducirse en más de 41 millones de euros adicionales cada semana para los agricultores, lo que equivale a casi 6 millones diarios.

Por otro lado, el coste de los fertilizantes por hectárea se calcula que ha ascendido a unos 50 euros por hectárea, según comenta Gabriel Delgado, secretario provincial de UPA. En algunos casos se ha disparado hasta el 30%, menciona, y eso complica bastante la campaña para quien aún no lo hubiese comprado. Eduardo Miguel, de Agroarlanzón, expone que sí se está notando esta subida en los abonos -alrededor de un 15% en comparación con hace diez días- pero comenta que es algo que se tiene que seguir utilizando y, aunque se puede bajar algo la dosis, apenas se nota una menor demanda. «Todos los abonos que llevan nitrógeno se fabrican a partir del gas o tienen que ver mucho con ello y eso hace que hayan subido mucho», afirma. Eso sí, en los fitosanitarios no ha habido variaciones y tampoco está previsto, aunque en estos últimos días no ha dejado de recibir llamadas de agricultores para preguntar sobre este tema.

Delgado manifiesta también que existe una gran «incertidumbre por lo que puede ocurrir» y que entre el sector vuelve a existir una «preocupación al no ver si esto tiene fin». Además, menciona que ahora por cada hora de trabajo con el tractor están pagando 22 euros más de gasóleo y eso a la hora de rellenar el depósito se nota bastante en el bolsillo. Tampoco se puede parar y se trata de uno de los momentos de más trabajo en el campo, ya que se encuentran con el abonado, terminando de sembrar -debido a las lluvias que lo han retrasado todo-, con herbicidas, preparando el girasol… Y todo esto cuando quedan unos meses para la cosecha, lo cual requiere muchas horas con las máquinas en funcionamiento y recorriendo kilómetros para recoger el cereal.

Diego Saldaña, presidente de COAG, asegura que «el sector agrícola ya viene soportando unos márgenes muy ajustados y este incremento de costes impacta directamente en nuestra capacidad de producir alimentos». Así, considera fundamental que las administraciones «vigilen y adopten medidas de contingencia para así evitar que el sector vuelva a asumir en gran medida las consecuencias de una crisis geopolítica».

Mientras, Susana Pardo, presidenta de la UCCL, comenta que «pasa siempre lo mismo, ya que aquí hay una especulación pura y dura de quienes tienen materias que nos hacen falta a nosotros para producir y cuando cayó la primera bomba ya empezó a dispararse el precio cuando no lo habían comprado caro». Argumenta que existen especuladores «que se están llevando el dinero» y que esto siempre acaba repercutiendo al sector primario. «Acabamos pagando todas las guerras, yo no he visto que el cereal haya subido igual», asegura, mientras destaca también de que luego vas al supermercado a comprar y todos los productos están mucho más caros.

Fuente original: www.diariodeburgos.es