El campo de Burgos se ahoga

Los agricultores necesitan que deje de llover y poder empezar por fin a trabajar. Las continuas borrascas han ahogado el campo y ahora misma muchas tierras de cultivo ya no pueden absorber más cantidad de agua. La cebada temprana y el trigo empiezan a asomar la cabeza, pero el encharcamiento está generando ya daños. A eso se suma que la cebada tardía aún no se ha podido sembrar y que en este momento exista cierta incertidumbre sobre si esta campaña se podrá poner. Ahora mismo es un momento clave y todo el sector mira al cielo porque la producción de cereal en la provincia corre peligro si las cosas no cambian pronto.

«El trigo aguanta mejor… pero en zonas con mucho agua no se va a poder salvar y en estas condiciones de humedad esto se pierde. Y en la cebada que ya estaba sembrada se ve que está dañada ya», expone Julio Aguilar, agricultor en Padilla de Arriba y miembro de la Cooperativa Padre Flórez de Villadiego. Según explica, también falta por sembrar algo de vezas y guisantes, leguminosas. Lo que parece evidente es que este año se optará como alternativa por poner girasol y lo más probable es que aumente considerablemente el espacio para ello, ya que además tiene un precio bueno. «El girasol debería tener una rotación a cinco años, pero ahora en muchos casos se está acortando bastante», desarrolla sobre el problema de ponerlo de forma muy seguida y sin dejar descansar lo suficiente la tierra.

Para que aún se pueda salvar la siembra de cebada tardía debe dejar de llover pronto y que seque algo la tierra, ya que en estas condiciones no pueden entrar las máquinas. Basta con pisar un poco algunas de esas tierras cultivadas en Odra-Pisuerga para comprobar que son un auténtico barrizal y que cualquier trabajo de un tractor o herramienta agrícola la destrozaría más. Ahora no queda más remedio que apañárselas como pueden para retirar el mayor agua posible y evitar que se formen riachuelos en mitad del campo.

«Ya vamos tarde por los ciclos, igual podemos esperar 15 o 20 días para la cebada… todo lo que esperes ya es reducir el ciclo y si no se completa quedará más mermada al cosechar», explica Aguilar. Así, habla de que esto puede tener consecuencias directas a la hora de que se obtengan en verano unos rendimientos de cosecha más bajos y también menciona el hecho de que unas tierras pueden absorber mejor el agua que otras.

En el registro que tienen en Padilla de Arriba ya se comprueba la cantidad de agua que ha caído en los últimos días. En enero, que ya fue lluvioso, se alcanzaron 90 litros; mientras que en estos primeros diez días de febrero ya se han sumado hasta 70 litros. A eso hay que sumar que en diciembre fueron 67 y en noviembre, 81. Se trata también de una cifra bastante elevada la actual si se compara con la de 2025, cuando en enero tuvieron 78 litros y en febrero se quedaron en tan solo 42. «Para lo que es esta zona es bastante», expone Aguilar.

No hay dos sin tres, ni siete sin ocho. La borrasca Nils, la octava de alto impacto desde que arrancó el 2026 y que llega hoy a Burgos, amenaza con dificultar la ya de por sí compleja situación que atraviesan algunos de los ríos que cruzan la provincia. Los últimos coletazos de su predecesora, Marta, complicaron la situación durante la jornada de ayer en municipios como Covarrubias, Lerma, Peral de Arlanza, Barbadillo del Pez, Salas de los Infantes, Pinilla de los Moros, Vadocondes, Aranda o Palacios de la Sierra.

En esta última localidad la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) decretó a media mañana el nivel rojo al alcanzar el río Arlanza los 3,32 metros de altura y un caudal superior a los 118 metros cúbicos por segundo. Desde ese momento empezó a aminorar, lo que redujo la alarma. Peor lo pasaron aguas abajo, en Salas, Covarrubias, Lerma o Peral. En la ciudad milenaria la CHD decretó el aviso amarillo a última hora de la tarde al dispararse en pocas horas el nivel y el caudal. En la villa rachela, con alerta naranja, se rebasó el nivel máximo registrado en este episodio extraordinario de borrascas con 2,56 metros de altura a su paso por el casco urbano. El caudal también rompió la barrera de los 200 m3/s, lo que inundó el bar de verano del Piélago y la zona de paseo de zona verde del paseo de la Solana, tal y como ocurriera la semana pasada.

En Lerma la alerta se quedó en amarilla, con el Arlanza a punto de alcanzar el nivel y caudal máximos logrados el viernes tras toda una tarde de incrementos lentos pero constantes. En Peral, muy cerca de la confluencia con el río Arlanzón, la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) mantuvo el nivel amarillo tras aumentar la altura durante todo el martes. En este punto, además de empuje del imponente Arlanza, influye también mucho la recogida de las aguas del río Franco y de varios arroyos.
El Pedroso tuvo pendientes a los vecinos de la zona, con la estación de Barbadillo del Pez en aviso naranja y un nivel de 2,7 metros, cuando la máxima del año no pasaba de los 1,83 metros hasta este episodio. El lunes se llegaron a recoger 30,5 l/m2 de lluvia. En Pinilla de los Moros la situación fue empeorando según transcurrieron las horas y de amarillo se pasó a naranja. No obstante, tanto el caudal como el nivel tocaron máximos a primera hora de la tarde, momento en el que empezaron un descenso que apaciguó algo los ánimos entre los ciudadanos.

(Más información sobre campos y ríos, en la edición impresa de este miércoles de Diario de Burgos)

Fuente original: www.diariodeburgos.es