El repique de las campanas de la iglesia de Santiago Apóstol no cesaba. La razón era anunciar la fiesta popular más llamativa de Castrillo de Murcia, El Colacho, que se celebró ayer bajo la atenta mirada de multitud de visitantes intrigados con esta tradición. «Venimos porque es típico en el pueblo y me llama la atención, se trata de una costumbre diferente», valoraba María Miguel, una vecina de Sasamón que procura no faltar a la cita porque «de esta forma me encuentro con la gente de la zona y disfruto del buen ambiente que se crea».
De cada ventana del pueblo pendían colchas y colgaduras blancas con adornos de encaje y lazos de raso. Los altares a la virgen decoraban los pórticos y los rincones de las casas con más mantillas y flores. Aunque, desperdigados por el suelo y tumbados en colchones se encontraban los protagonistas, los bebés recién nacidos. El nerviosismo minutos antes de la ceremonia se palpaba en el entorno. Las abuelas colocaban las sábanas en las camas y los padres mecían a sus hijos para calmarles frente a tanta expectación y público haciendo fotos.
Entre los preparativos, Baudi Estébanez posesionaba junto a su hermana un par de copas de vino y agua en el altar que habían dispuesto en la entrada de su hogar. «Ponemos las copas para que las bendiga el cura en la procesión eucarística», explicaba la vecina, de esta manera el Santísimo santificaba al pueblo, sus gentes y sus campos. Las hermanas habían apañado un colchón para que se posasen cuatro menores en la ceremonia. «Siempre sacamos uno, aunque ya no haya ningún bebé en la familia en el nuestro se puede poner quien quiera», comentaba Estébanez.
(La crónica de esta popular fiestas y más imágenes en la edición impresa de Diario de Burgos de este lunes)
Fuente original: www.diariodeburgos.es