«Llevo 50 años con las ovejas y nunca he tenido ningún problema pero ya no sé qué hacer».
Al otro lado del teléfono se escucha a un hombre desesperado, a un ganadero inerme, a un profesional que se siente desprotegido y abandonado, aunque él se exprese de una manera más gráfica. «Estoy hasta las narices», sentencia Fernando del Olmo sin eufemismos, tras sufrir un nuevo ataque de lobo, el tercero desde Semana Santa, en Fuencaliente de Lucio. En total, cuenta ya 26 cadáveres de animales, además de las secuelas que deja en el resto cada ataque, como por ejemplo el descenso en el número de partos.
En este último embate no solo han caído 8 ovejas, sino también una de las mastinas que cuidaba de su ganado y una cría de burro recién nacida que se encontraba junto al pueblo. De hecho, la instalación ganadera se encuentra pegada a este núcleo poblacional del Valle de Valdelucio, a tan solo 40 metros de la primera vivienda.
«Parece como que están en su casa», se lamenta sin entender por qué se han cebado con su ganadería. Otros compañeros de la zona sufren de vez en cuando la pérdida de «alguna oveja o un ternero» pero no está fijación. Del Olmo explica que cuando pastan con los mastines no se acercan los lobos, salvo que se quede algún ejemplar despistado, como consecuencia por ejemplo de una tormenta, como ocurrió el año pasado.Sin embargo, cuando se meten dentro de los cercados, los depredadores «buscan el risquillo y se cuelan» para atacar a sus víctimas, sin escapatoria posible.
(Más información, en la edición impresa de este jueves de Diario de Burgos o aquí)
Fuente original: www.diariodeburgos.es