El hombre de 40 años fallecido en el accidente ocurrido sobre la 1.30 horas de la madrugada del viernes en la carretera principal de Caleruega había irrumpido minutos antes en una vivienda del pueblo en estado de embriaguez, según explican los vecinos, lo que motivó la intervención de la Guardia Civil. Poco después de que la patrulla se fuera, un vehículo se salió de la vía y chocó contra una valla metálica en la que quedó empotrado. De las tres personas, de nacionalidad peruana, que se encontraban dentro del turismo, dos de ellas resultaron ilesas y recibieron en alta en el lugar de los hechos mientras que, por el tercero los servicios sanitarios no pudieron hacer nada. Era al parecer el mismo sujeto que se había colado en casa ajena.
Los habitantes de Caleruega no hablaban de otra cosa por la mañana. Cuentan que ninguno de ellos residía en el pueblo y apuntan a que solo uno de los implicados vivía de manera habitual en Espinosa de Cervera, a unos 8 kilómetros del municipio. «Trabajaba uno en una granja de cerdos que hay aquí, los otros, al parecer, estaban de visita», relata Mari Luz, quien vive a escasos metros de lugar del accidente.
Tal y como narran los caleroganos, la noche había comenzado con los implicados bebiendo en uno de los bares del municipio, ubicado a escasos metros del convento de Santo Domingo, en el centro de la localidad. «Llegaron sobre las ocho y tomaron algunas cervezas, después ya pasaron a chupitos», explica Osmar, el gerente del lugar que apunta que los tres hombres estuvieron en su local hasta medianoche. «Les dije que tenía que cerrar porque era tarde», lamenta y relata que de manera habitual los jueves cierra cerca de las 22:00 horas, pero que aguantó un poco más por ellos.
Tras el cierre del establecimiento, algunos vecinos aseguran que se quedaron algo más de tiempo y que uno de ellos hasta irrumpió en un domicilio privado. «Estaba en mi casa y escuché un ruido, al ir a ver qué pasaba me encontré a un hombre en mi salón bastante bebido», señala el vecino que sufrió el allanamiento. Cuenta que tras echarle, el hombre no abandonó la zona y continuó dando golpes en la puerta, por lo que decidió llamar a la Guardia Civil. Añade que para acceder a su vivienda, el sujeto forzó una puerta, pero asegura que en ningún momento sintió miedo o notó en él una actitud violenta o que le hiciera pensar que podía estar en algún peligro.
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