Elena Somoza Díez desmonta con su relato familiar la historia que con orgullo se exhibe en la página web de los polvorones Felipe II, que desde hace tres décadas se elaboran en la Confitería Blancanieves Tejedor de Vitoria y que sin duda son los más famosos y codiciados en las mesas navideñas. «El origen del polvorón es más moderno, no existía este producto en la época de este rey», sentencia la mujer, que cita a la especialista en gastronomía, Ana Vega, para recordar que «a veces la historia sirve para hacer marketing» y que quien si tiene algo que ver con estos dulces es el pueblo de Vallejimeno y su familia.
Desde su casa en Málaga, donde prepara cada Navidad entre 600 o 700 polvorones «para la cuadrilla» siguiendo la receta de su abuelo Domingo Díez Pérez, cuenta cómo este, siendo apenas un adolescente, dejó la localidad serrana con destino a Bilbao. Su hermano Fidel, unos años mayor, hizo lo propio y juntos montaron una tienda de ultramarinos que al parecer no les fue muy bien, según la versión que relata Somoza.
En un momento dado, durante los primeros años del siglo XX, Domingo viajó a Sevilla. «Allí mi abuelo aprendió a elaborar este producto y al volver a Bilbao comenzó a hacer estos dulces con su receta». Durante varios años los dos hermanos elaboraron y comercializaron polvorones bajo la marca El Escorial-Felipe II, distintivo registrado en noviembre de 1900 por el sevillano Juan Álvarez, quien pudo haber enseñado a Domingo.
Al parecer, el confitero andaluz vendió a los hermanos los derechos de la marca para que pudieran comercializar sus polvorones, pero no se sabe con certeza. También desconoce Elena Somoza los motivos, pero antes de 1910 Fidel y Domingo se enfadaron y se separaron. «Mi tío abuelo, Fidel, se marchó a otro local, en la calle Hurtado de Amézaga; y mi abuelo, Domingo, se quedó en el original, en la plaza de Pedro Eguillor, por entonces, Rodríguez Arias, 9». Ambas en el corazón de la ciudad bilbaína.
La división incluyó también el reparto de la marca, «mi tío abuelo se quedó con la de Felipe II y mi abuelo con la de El Escorial», cuenta Somoza, que recuerda que con el nombre de la Casa de los Polvorones se conoció hasta su derribo en 1975 al edificio donde primero su abuelo, que falleció en 1957, y después su madre, regentaron el dulce negocio, muy famoso en Bilbao. «Mi madre continúo con la venta de productos de pastelería. Hacía algún polvorón, pero para los amigos y por encargo», cuenta Somoza, que defiende que la marca puede que la trajeran del sur al norte, pero que los polvorones de su abuelo eran diferentes a los del sevillano, «tenían su propio matiz».
Por parte de Fidel, quien consiguió oficialmente en 1918 inscribirse como depositario de la marca Felipe II para explotarla en las provincias de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa, Navarra, Logroño, Soria, Segovia, Valladolid, Palencia, Burgos, Santander, Oviedo, Lugo, Coruña, Pontevedra y Orense, sus hijos Fidel y José, continuaron con la elaboración de este dulce navideño, pero cuando se jubilaron vendieron a Blancanieves Tejedor la marca. «Ellos nunca se refirieron al rey Felipe II, de hecho ni siquiera se hicieron una gran publicidad», cuenta sobre los hijos de Fidel.
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