EL pozano que les da nombre

Juan José no se imaginaba ni en sus mejores sueños pasar tanto calor en la provincia burgalesa a principios de abril. Los polares y jerséis de punto no le sirven «para nada» y solo le ocupan espacio en la maleta, esos huecos tan necesarios para poder llevar a Sevilla los exquisitos productos gastronómicos que cata desde el martes. «¡Qué bien se come y cuánta cantidad!», comenta Ángela (López), una de sus compañeras de viaje. Ambos -y otros 18 alumnos de 4º de la ESO del instituto Félix Rodríguez de la Fuente- llegaron a Burgos hace tres días con el propósito de desarrollar en conjunto con otros veinte estudiantes burgaleses con los que comparten  además del nombre del centro, el interés por proteger el agua, un proyecto medioambiental.

El naturalista pozano les ha unido y Somos Agua (así lo denominan) nació a partir una casualidad lingüística vinculada a la figura de gran relevancia. Como homenaje, trabajan en poner en valor y fomentar el compromiso con la Agenda 2030, así como para intentar concienciar(se) con objetivos de desarrollo sostenible. La elección del elemento agua como eje central del trabajo responde a la idea de «revalorizar su importancia», explica Vega. La visita a Poza de la Sal, la villa en la que nació Félix era, «sin duda una parada obligatoria», asegura Cecilia, jefa de estudios del centro burgalés, que en compañía de Marisa, Chemón y Marta, el resto de los ‘profes’ implicados, se muestra encantada de todos los conocimientos adquiridos en la localidad. «El cambio climático es evidente, me ha quedado muy claro en este viaje», declara Juan delante de los docentes. «Mi madre me ha dicho que en Sevilla no ha parado de jarrear, y eso en esta época no es un poco raro», añade. 

El plan, que se adentra en la relevancia del agua como elemento civilizador dadas las similitudes históricas del nacimiento y evolución de la ciudad hispalense y Burgos (en torno a los ríos Guadalquivir y Arlanzón), coge forma poco a poco gracias al entusiasmo de los alumnos y del apoyo económico del Gobierno. Una vez finalizado -el próximo curso tomarán relevo otros compañeros- pretenden «difundir las conclusiones y los materiales obtenidos en las investigaciones a través de canales oficiales,  a fin de que puedan resultar de utilidad pedagógica», aclaran las directoras de los centros de Secundaria.

Sevillanas en las salinas. Algunos de los jóvenes burgaleses ya tienen la lección aprendida y muchos de los conocimientos que les han aportado el técnico de turismo y José Antonio Vallejo, de Castil de Lences y un apasionado de la vida y obra del naturalista, adquiridos. Sin embargo, las caras de sorpresa de los andaluces dejan más que evidente que han «flipado con las salinas y la producción de sal, la cantidad de agua que mana por todas partes y todas las fuentes que hay», expresa parte del grupo. 

Natalia, Clara, Ángela y Raquel  no han sentido pudor alguno, ¡al contrario!, en honrar a Félix con sevillanas y palmas junto a su busto, en los lavaderos. La guitarra española de Chamón ha animado al resto a entonar Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. La experiencia acaba mañana y los jovencitos garantizan que «nunca la olvidarán». Su ilusión: que el trabajo «valga la pena para concienciar de lo necesario que es el agua».

Fuente original: www.diariodeburgos.es