El tesoro vuelve a Clunia, en Burgos
Al estrenar una casa, más allá de los necesarios muebles, lo que la convierte en un hogar es la decoración, esas piezas que la hacen única y personal. Lo mismo sucede con el nuevo Centro de Recepción de Visitantes del yacimiento romano de Peñalba de Castro, que ya alberga lo que constituirá una de las piezas principales de su contenido.
Otro hito en este destacado proyecto de la Diputación de Burgos para impulsar este enclave se ha cumplido, después de haber iniciado los trámites en 2018. El mosaico de la Casa Taracena ya está en Clunia. La pieza, trasladada desde el Museo Arqueológico Nacional (MAN), llegó desmontada en varias placas, protegida en cajas y con los embalajes de seguridad. Ahora ha comenzado una intervención que permitirá limpiarlo, estabilizarlo y devolverle una lectura completa.
Las restauradoras encargadas de los trabajos reconocen que la primera impresión ha sido mejor de la esperada. «Está en un sorprendente mejor estado de lo que en su momento se preveía», explica Delia Eguíluz, que junto a su compañera Sandra Caballero van a devolver su esplendor a esta imponente pieza. La incertidumbre se debía, sobre todo, al tiempo que la pieza había permanecido guardada en cajas. Aunque estuvo expuesta durante años en el MAN, las especialistas no podían conocer con exactitud cómo había evolucionado durante su almacenamiento.
La llegada también ha permitido apreciar detalles que apenas podían distinguirse en las fotografías antiguas. «Nos ha sorprendido la calidad del propio mosaico», insiste Sandra Caballero, que destaca la combinación de formas, colores y motivos ornamentales. Las imágenes disponibles hasta ahora estaban tomadas en blanco y negro o presentaban los colores distorsionados, de modo que no permitían apreciar la riqueza cromática del pavimento. «Probablemente lo hayamos visto expuesto en el MAN, pero yo no me acuerdo», comenta Delia. Algo entendible porque esta pieza dejó de estar a la vista del público en el año 2014.
«Sabíamos que había teselas de distintos colores, pero hasta que no lo hemos visto aquí no hemos sido conscientes de la colorimetría que tienen», explican las restauradores. La pieza incorpora teselas cerámicas y diferentes tonalidades negras, marrones y granates para generar los motivos vegetales, composiciones geométricas como los nudos de Salomón y una decoración de conchas que también aparece en otros pavimentos de la Casa Taracena, de la que procede el mosaico.
A su forma «bastante singular», se suma su estado de conservación. «Está completo», remarca Delia, porque lo normal en un mosaico es que haya sufrido daños «por el paso del tiempo, por las labores agrícolas y por mil cosas». La pieza solo presenta pequeñas pérdidas y una zona con marcas de fuego en el emblema central, la parte más destacada de la composición, con forma completamente circular. Las restauradoras apuntan que esas huellas pudieron deberse a un incendio o a la caída de algún objeto, aunque no se puede determinar con seguridad su origen.
Las restauradoras destacan tanto su valor histórico como su dimensión artística. «Tiene una gran elegancia en la combinación de los colores y en las composiciones geométricas», señalan. La alternancia cromática, los motivos florales y la estructura de la decoración convierten la pieza en uno de los elementos más atractivos del nuevo espacio.
El mosaico ocupaba la parte central de una estancia importante de la Casa Taracena, también conocida como Casa número 1. Su ubicación y sus dimensiones indican que no se trataba de una decoración secundaria. «La alfombra no la pones en la cocina», bromea Sandra, para explicar de forma muy gráfica la relevancia de la habitación que lo albergaba.
La pieza mide 3,85 por 5,70 metros y su tamaño obliga a trabajar con las distintas placas en las que fue separada para arrancarla de su soporte original, mortero romano, y reforzarla por el reverso con una capa de hormigón. «Esta es la forma de extracción que se hacía hace unos años. Ahora ya no se hace así», explican las especialistas. Los cortes se realizaron intentando seguir la geometría de la decoración. El emblema central, por ejemplo, fue separado en forma circular, mientras que la concha también se cortó siguiendo su propia estructura. En otras zonas, sin embargo, se han cortado los motivos vegetales porque no siempre era posible encontrar una línea de separación más adecuada.
(Más información, en la edición impresa de este jueves de Diario de Burgos)
Fuente original: www.diariodeburgos.es
