El turismo rural se mantiene en verano y prevé un buen otoño en Burgos

Las casas y los hoteles rurales de la provincia afrontan la recta final de su mes estrella, agosto, ese en el que no solo tienen reservas para los fines de semana, como sucede el resto del año, sino también prácticamente todos los días de diario. Turismo, viaje en familia o pasar una temporada en el pueblo propio, aunque ya no se disponga de casa en él son algunos de los motivos que llevan a estos establecimientos a tenerlo completo o casi. 

Aunque oficialmente el verano acaba avanzado septiembre, en lo que respecta a la temporada alta hotelera el estío da sus últimos coletazos. Un verano que en cuanto a la ocupación arroja unos datos similares al anterior, según recoge Ana Peña, la presidente de la Asociación de Turismo Rural de la provincia de Burgos (Turalbur), que estima en un 57% la de las casas y en un 65% el de los hoteles. Las cifras no estarán por tanto muy alejadas de las que ofrece el Observatorio Turístico de Castilla y León, que data en 111.091 el número de personas que pernoctaron en los alojamientos rurales de la provincia entre junio y agosto de 2024. 

Detalla Peña que los datos en esta época dependen del tipo de alojamiento. «Los más pequeños tienen más reservas en verano porque la gente se mueve en grupos reducidos o familia. Los encuentros entre amigos o celebraciones son en otros periodos, cuando funcionan mejor las casas con una mayor capacidad, para las que incluso julio puede ser un mes malo a pesar de ser temporada alta».

La oferta de alojamientos ha aumentado tras la pandemia, según Turalbur. La oferta de alojamientos ha aumentado tras la pandemia, según Turalbur. – Foto: Patricia

Echando la vista atrás reconoce que los datos antes de la pandemia eran mejores, y explica el porqué. «Tras la covid se puso de moda el turismo rural y se crearon muchos alojamientos. La oferta ha crecido mucho y no la demanda. Si conseguimos mantenernos, ni tan mal», cuenta la también propietaria de dos casas La Toba I y II en Bezana.

Buen estreno. «Contento» con la acogida que está teniendo su Casa Rural Vallehermoso en Los Balbases se muestra Emilio de la Serna, cuyas puertas ha abierto hace dos semanas. «Nada más empezar ya teníamos cubierto la mitad de agosto, fines de semana y una semana entera. Hay también ya días cerrados para septiembre, diciembre e incluso para 2026».

En Dobro, el Hotel Rural Casa Nardo es también uno de los últimos en sumarse a la lista. Abrió el 14 de agosto del año pasado y su dueño, Rodrigo Huidobro, asegura que durante este lo tienen ocupado al 90%. Cuenta con 12 habitaciones y durante el resto del año solo abre los fines de semana, donde también tiene demanda. 

En Casa Rural La Tina, en Gumiel de Izán, el verano se está desarrollando como el pasado. «En julio tuvimos también alguna semana entera, y en agosto está completo, primero por Sonorama y después por una familia que se queda el resto del mes», explica su propietario, David Alba, que adelanta que el otoño es una buena época y que ya han llegado reservas para septiembre, octubre y noviembre. 

En la Casa Rural La Costana, de Barbadillo del Mercado, no tienen hueco en verano casi desde el año anterior. Se trata de un alojamiento pequeño, para cuatro personas, solo para adultos, y con piscina climatiza. «Es el principal reclamo, pero el trato y otros servicios que ofrecemos es lo que hace que los clientes vuelvan», cuenta su dueño, Joaquín Ángel Santamaría. 

Lo tienen lleno «salvo días sueltos» desde junio hasta octubre, y el resto del año casi todos los fines de semana. «Son turistas que vienen a conocer y a disfrutar la zona sin prisa. Cada vez hay más extranjeros, especialmente americanos e ingleses, y también hemos notado este año un incremento de visitantes de Burgos», relata el dueño, que destaca el cementerio de Sad Hill como uno de los principales atractivos de la zona. 

Pilar Miguel lleva 17 años gestionando la Casa Rural La Cabaña, en Mozoncillo de Juarros, y cuenta que este verano está siendo mejor que el anterior porque la ha tenido alquilada todo julio, en este caso a unos trabajadores y para septiembre y octubre ya tiene reservas. 

Julio no fue especialmente bueno comparado con otros meses del año en la Casa Rural Olalla, de Rabanera del Pinar, donde en agosto sí está ocupada entre semana. El alojamiento tiene gran capacidad y seguro que vivirá su particular agosto en otoño, durante la época micológica. «Ya tenemos más reservas para septiembre que en julio», explica su dueña, María Dolores Pérez. 

Fuente original: www.diariodeburgos.es