Llegó a pensar que igual era un fallo del sistema tecnológico cuando el sábado, sobre las seis de la mañana, sonó la alarma del negocio otra vez. Pero no. Al mirar las cámaras se veía un vehículo aparcado en la puerta. Se trataba del sexto robo en su negocio en tan solo seis meses. José Antonio Alonso salió inmediatamente de casa junto a su hijo y en apenas tres minutos se plantaron en Campomar Suministros, en el polígono de Briviesca. Allí comprobaron que, una vez más, los ladrones se encontraban en el interior del local y se estaban llevando maquinaria. El hombre intentó cerrar la puerta exterior para dejar a los cacos allí porque tenían el coche dentro, pero arrancaron rápidamente y le atropellaron. Acabó en el hospital, pero podía haber sido aún peor. «Estoy físicamente machacado y psicológicamente hundido. El problema que tenemos aquí es la falta de seguridad», explica el propietario, que lleva al frente de este negocio 39 años y nunca había vivido algo similar.
Imposible de olvidar lo sucedido este pasado sábado, ya que José Antonio se jugó la vida. «Podía estar ahora en el tanatorio», aseguraba ayer, cuando llegaba del centro de salud de curarse las heridas que le han quedado en el cuerpo. Uno de los cacos cogió el coche y le arrolló -tirándole al suelo- en su huida, mientras los otros dos salieron a la carrera y se montaron en plena calle del polígono en dicho vehículo. De película. Y tampoco pueden enfrentarse mucho más porque no saben si están armados o el peligro que pueden llegar a tener… En el rostro del dueño de la empresa se evidencia el hartazgo, el enfado, la tristeza y el miedo. «Es una impotencia tremenda, no podemos hacer nada más, tenemos cámaras y detectores por todos los lados… Se les ve perfectamente, pero van tapados hasta las cejas con capuchas, pasamontañas, guantes y todo. No se les ve la cara», manifiesta.
Los propietarios se sienten completamente indefensos y cargan con dureza por la «poca seguridad y la falta de medios» en la zona, ya que el quinto robo fue también la semana pasada, en la madrugada del jueves. Un continuo desvalijamiento y sin tregua. En la puerta del establecimiento ya han colocado un gran cartel de ‘cerrado por inseguridad’ para mostrar a toda su clientela lo que están sufriendo. Según calcula José Antonio, las pérdidas por estos sucesos pueden ascender hasta los 80.000 euros si se tiene en cuenta lo que se han llevado y los destrozos que han generado, tanto en las puertas como en los expositores rotos. «Las máquinas las tenemos atadas con cadenas, pero ahora vienen y las revientan también», expone.
Tampoco las detenciones que se han producido les dejan más tranquilos. «La Guardia Civil está en ello y sí se está haciendo algo, pero esto no está solucionado ni mucho menos. Han detenido a dos, pero el otro día vinieron cuatro, luego vinieron tres… es un grupo más amplio», argumenta David, hijo de José Antonio. Critica que por las noches no hay Policía Local y que solo cuentan con una patrulla de la Guardia Civil para la comarca, «así que el otro día vinieron de Belorado y tardaron 40 minutos en llegar». De este modo, señala tanto al Ayuntamiento de la localidad como a la Subdelegación del Gobierno por la falta de efectivos.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es