Enrique Macías y Susana Domínguez afirman que su hijo nunca ha tenido problema alguno con sus compañeros o contrincantes en el campo de fútbol o en la plaza de San Antonio donde pasa horas con multitud de amigos entre los que se integró desde «el minuto cero» en que llegó a Villasana de Mena con su familia hace tres años. Menos aún los hubo en su etapa de Primaria en la que fue aprobando «raspado». «No es un niño conflictivo, tiene amigos hasta en el infierno», insiste su padre. Es un chaval de 12 años diagnosticado de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en seguimiento por su especialista con el que sus padres dicen estar viviendo una situación que «nunca hubiéramos imaginado». Denuncian que no se le han facilitado medidas de adaptación o apoyo por su neurodivergencia en el instituto Doctor Sancho de Matienzo y el resultado de «un uso muy estricto del reglamento y ningún otro remedio que no sea un parte o una expulsión» ha derivado en un pliego de cargos y un expediente disciplinario con el que están disconformes. Dicen sentirse «como si nuestro hijo fuera un delincuente».
La implicación de Enrique y Susana en la educación de su hijo es palpable. Saben lo que es pasar todas las tardes dándole apoyo para realizar la tarea porque «para estos niños 20 minutos de otro se convierten en 2 horas». El problema radica en que por falta de atención al profesor o por olvidos, muchas veces, no apunta las tareas que debe de hacer en su agenda y nada pueden hacer sus padres sin esta información. Durante su etapa en el colegio, dos pedagogas terapeutas (PT) le daban apoyo en el aula y fuera de ella. Con su llegada al instituto, esta figura desaparece y cada profesor decide si realiza o no adaptaciones para evitar el fracaso.
Enrique y Susana, sabedores de las dificultades de su hijo, que escuchó sentado y en calma durante más de una hora la entrevista con DB, contestando a algunas cuestiones con mucho tino, se reunieron ya en junio con la orientadora del instituto menés para hablar del diagnóstico y los informes de su hijo. Pero tras un curso con constantes castigos y dos expulsiones de 5 días cada una, esta familia defiende que «estamos en una sociedad en la que se habla mucho de integración, pero es mentira». «Hay que reconocer que no todos los niños son iguales y algunos necesitan una atención especial», añaden.
La paradoja de la falta de atención de este chaval llega al punto de que mientras su madre recibe SMScon notificaciones de faltas graves, cuando llega a casa y le preguntan qué tal ha ido la mañana «no sabe ni lo que ha hecho mal». Tras muchas expulsiones del aula, Enrique admite que su hijo ha contestado a algunos docentes, «pero sus reacciones son para defenderse». Nunca les ha insultado y sus padres le han insistido en el respeto a estos profesionales. Pero en el centro le van a ‘juzgar’ por «faltas de respeto al profesorado e indisciplina» o «reiteración de conductas contrarias a las normas de convivencia en el centro».
Un acuerdo imposible. El 30 de abril les propusieron un acuerdo reeducativo y Enrique y Susana ya advirtieron que sin ayuda su hijo no podía cumplir la mayoría de sus propuestas, como la de apuntar los deberes de todas las asignaturas en la agenda y traerlos hechos todos los días. Para que otros padres no pasen por lo mismo reclaman a Educación que «no se vanaglorien de ser integradores, sino que lo hagan de verdad ante un sistema anticuado y con repercusiones emocionales para los chavales». «No podemos castigar todo el día, no son las herramientas que hemos de utilizar con un TDAH», demanda Enrique, quien anima «a otras familias a pelear y no callar para conseguir las ayudas que necesitan».
Ante el choque con el equipo del instituto menés, su hijo repetirá 1º de la ESO en Balmaseda (Vizcaya), a 15 kilómetros, donde se enfrentará de nuevo con el euskera, otra dificultad que esperan salvar.
Fuente original: www.diariodeburgos.es