Este pueblo de Burgos no se vende

Con un «no» rotundo contesta a este periódico María, la portavoz de dos de los tres propietarios de las casas en ruina que aguantan en Valdearnedo a la pregunta sobre si el pueblo se encuentra a la venta y desmiente la información, a su parecer «engañosa», que el portal inmobiliario Aldeas Abandonadas publicó hace más de un año «en exclusiva» y todavía conserva en su página web. Ni su tío, ni el primo de su madre ni tampoco la «otra familia del pueblo de al lado», los auténticos dueños de los restos de las edificaciones han hablado «nunca» con las personas que gestionan la agencia que ofrece sus bienes por un total de 400.000 euros.

Por contra, este periódico sí ha podido contactar con dos agentes -una mujer y un hombre- que aseguran que la aldea abandonada «solo pertenece a un propietario», un dato que refuta la sobrina de uno de ellos. «Eso es mentira», declara, «con pedir una nota simple en el registro de la propiedad, que es público, se puede comprobar que hay más propietarios», añade.  En el anuncio queda constancia de que la localidad -no aparece su nombre escrito «por confidencialidad» pero los agentes corroboran que se trata de Valdearnedo- se ubica a «38 kilómetros de Burgos» y se encuentra en estado de «abandono». 

No obstante, omiten un dato importante: no hay ni luz ni tampoco agua. «Las casas están para recuperarlas, todas, y hay que invertir», declara la asesora inmobiliaria. Aún así, «claro que sí ha habido», añade refiriéndose a personas interesadas en la compra del pueblo al completo.

La inmobiliaria gestiona la supuesta venta del pueblo y pide 400.000 euros. La inmobiliaria gestiona la supuesta venta del pueblo y pide 400.000 euros. – Foto: Patricia

La portavoz de dos familias reitera que «ni la inmobiliaria ni ninguna otra empresa ni particular» ha contactado con ellos para gestionar la venta. Es más, desconoce de dónde han obtenido los datos incluidos en el anuncio, como que además de «50 casas a reformar en una zona tranquila y en plena naturaleza» también están disponibles «fincas opcionales, se pueden comprar más» terrenos anejos», aparece escrito. «Este tipo de propiedades acaban saliendo», insisten desde Aldeas Abandonadas, a pesar de que los dueños consideran que no tiene ningún sentido pedir un precio tan elevado «porque no lo vale». Entre los requisitos exigidos para hacerse con la localidad -abandonada desde 1983- en su totalidad se especifica que la oferta es exclusiva para «clientes con capacidad económica» que deberán «firmar un NDA» (acuerdo de confidencialidad). «No sé quién va a querer comprar eso», comenta María con tono de incredulidad. 

Casi todos los inmuebles de Valdearnedo -casas, corrales y pajares- han sido víctimas de los saqueos y cantidad de las piedras que faltan en las fachadas y muros «ahora se aprecian en otras construcciones de la zona», explica Celiano García, uno de los últimos habitantes. «También hay solares en los que ya no queda nada porque se lo han llevado todo, incluida la decoración de la fuente», añade.

Una iglesia en apuros. La Asociación Hispania Nostra incluyó al templo religioso – Nuestra Señora de la Natividad, de fábrica románica- en su Lista Roja de Patrimonio en enero de 2020 debido al mal estado de su estructura. Tampoco se ha librado de los ladrones y por ello se trasladaron al Museo del Retablo de Burgos las columnas y arcos de las ventanas del ábside.

«Nunca llegó la luz y cogíamos agua en la fuente para beber». Celiano García y su familia dejaron el pueblo en enero de 1979 tras vender todas sus propiedades. Hasta entonces vivieron sin luz -actualmente tampoco llega- y recuerda que para beber agua tenían que «bajar hasta la fuente» y rellenar los cántaros porque no había red ni tampoco de saneamiento. Las condiciones primarias a las que estaban sometidos los pocos que quedaban, «Leandro, Valeriano y nosotros», recuerda, «nos obligaron a marcharnos», añade. 

Actualmente reside en Madrid pero sigue visitando el lugar en el que nació y se crió cada vez que puede. Caminar por las calles por las que jugaba y visitar «lo poco que se mantiene en pie, ver el horno que funcionaba como microondas» de lo que un día fue su casa le produce cierta nostalgia. Recuerda que en el año 1975, momento en el que construyeron «algún pozo en busca de petróleo» se llevaron a cabo algunas mejoras, como la apertura de un camino que «unía Melgosa y los límites de Valdearnedo, pero si llovía era intransitable. También levantaron el puente de Arconada».

A partir de ese momento «podían llegar camiones y carros aunque la sensación de retraso persistía. Luz eléctrica nunca hubo pero sí leíamos, aunque no todos los días. Usábamos candiles y lámparas de carburo. En los dormitorios teníamos velas con palmatoria y la vida era totalmente normal. No echábamos en falta nada», asegura.

Fuente original: www.diariodeburgos.es