Fallece una de las cinco clarisas de la comunidad de Belorado

Sor Getsemaní, una de las cinco monjas clarisas que forman parte de la comunidad del monasterio de Belorado, falleció el pasado viernes por la noche en el HUBU, donde había ingresasdo debido a su delicado estado de salud procedente del convento de Castil de Lences, en el que llevaba solo unos días.

El Comisario Pontificio, de acuerdo con el Monasterio de Castil de Lences, con la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Aránzazu y con sus familiares, acordó celebrar el funeral el domingo, 11 de enero, por la mañana, en la intimidad de la comunidad que la ha cuidado y de su familia.

La religiosa, de 89 años, llevaba toda su vida como monja de clausura en La Bretonera, convento en el que residió hasta que el pasado mes de agosto fue trasladada junto con las otras 4 ancianas a hurtadillas al monasterio de Orduña por las cismáticas, tras conocer la sentencia que ordena su desahucio, actualmente recurrida ante la Audiencia Provincial de Burgos.

El 18 de diciembre la comisión judicial acudió al cenobio vasco para el traslado de las monjas mayores como medida cautelar, toda vez que se pudo constatar que se encontraban «condiciones higiénico-sanitarias no adecuadas para las personas vulnerables». Se ejecutaba así una medida cautelar de protección de este grupo de religiosas, de entre 87 y 101 años, ordenada por el Juzgado de Briviesca a instancias del comisiario pontificio, el arzobispo Mario Iceta.

La fallecida sor Getsemaní formaba junto con sor Adoración, sor Lucía, sor Pilar y sor Pureza, la anterior abadesa de Belorado, la auténtica comunidad de los monasterios de Belorado, Orduña y Derio para la Iglesia Católica, al no haber secundado el cisma liderado por Laura García de Viedma. De las 10 mujeres que sí lo firmaron hoy quedan solo 7, tras la marcha de Zaida Pinar, conocida como sor Myriam cuando era clarisa. 

Críticas por el traslado de Orduña. Las exclarisas han emitido un comunicado a través de su responsable de prensa, Francisco Canals, en el que aseguran haber tenido conocimiento «de manera casual» del fallecimiento de una hermana «con 67 años de vida religiosa que había convivido durante cerca de 40 años» con otras compañeras, sin haber sido «notificadas ni avisadas».

Aseguran disponer «de un certificado emitido por un reconocido neurólogo vasco, responsable del seguimiento médico de sor Getsemaní, en el que se indicaba de forma expresa que no era aconsejable su traslado», subrayan. Denuncian, asimismo, que «en la intervención del 18 de diciembre, nadie quiso hacer caso de las advertencias de las monjas sobre la medicación y los cuidados de las mayores, siendo precisamente esta monja la que presentaba las patologías más delicadas y con la que había que extremar las precauciones. Es obvio que su traslado, en las condiciones en que se realizó, la desestabilizó por completo», sostienen.

Según las mujeres que hasta hace menos de un mes convivían con ella, «sor Getsemaní fue una mujer de gran sabiduría y discernimiento. Cauta, prudente, amante del diálogo y del silencio, supo armonizar lo antiguo con lo nuevo. Maestra de profesión, fue una gran religiosa. Destacó por su inteligencia interior: profunda, pedagógica y sabia, enseñó a las monjas jóvenes a vivir conforme al carisma de las clarisas. De personalidad fuerte y muy querida por la comunidad, poseía un innato espíritu franciscano», concluyen.

Fuente original: www.diariodeburgos.es