Hornillos e Isar denuncian el paso sin control de camiones por sus caminos

Los pueblos son, en verano, un ir y venir constante de niños, adolescentes, adultos, coches o tractores. En el caso de Hornillos del Camino y de Isar, desde hace un par de semanas suman el paso diario de decenas de camiones que trabajan en la construcción de un parque eólico en el páramo de Yudego.

Los vehículos pesados circulan por la carretera que une la zona de Estépar, donde cargan y descargan material, con Villanueva de Argaño. Aquí toman la N-120 hasta el cruce de Citores del Páramo, desde donde tienen habilitada la entrada a la obra. Hasta ahí no hay problema, ya que es la ruta preestablecida en el proyecto. Desde Isar, no obstante, denuncian la elevada velocidad a la que van algunos de esos conductores cuando atraviesan el casco urbano de este municipio. «Una cosa es pasar por medio del pueblo a 20 kilómetros por hora y con cuidado, y otra es hacerlo a 50 con un camión que pesa 30 o 40 toneladas», lamenta Juan Carlos Delgado. Como alcalde ya ha llamado la atención dos veces a EDP, la multinacional energética que promueve este complejo de energía renovables con 19 aerogeneradores de 4,5 MW de potencia unitaria. «Es mejor que les avise que tener que ir a un entierro mañana. En verano hay mucha gente en los pueblos y podemos sufrir una desgracia», apunta.

 En Hornillos no deberían recorrer su casco urbano, ya que la carretera se queda a unos cuantos metros. Sin embargo, algunos de los convoyes se saltan a la torera las indicaciones y acortan por la transitada calle Real, siempre llena de peregrinos, para subir posteriormente por los caminos agrícolas que van desde este pueblo hasta el páramo. De esta forma se ahorran decenas de kilómetros por trayecto. «El contrato deja muy claro que los camiones tienen que entrar al parque por la zona de Yudego», asegura Pedro Mayor, alcalde de Hornillos.

Es más, afirma que la promotora ha depositado una fianza y se ha comprometido a arreglar, una vez acabe la instalación, todos los desperfectos causados por el elevado tránsito de vehículos pesados en esta pedanía de Sasamón. En el caso de Hornillos y de Isar, no tiene nada firmado, ya que no se contempla el paso de vehículos pesados por sus caminos. «Tenemos poco dinero para arreglarlos, y si encima nos los destrozan y se van sin repararlos…», lamenta.

Algunos de los transportistas, confiesa Mayor, sí que cumplen escrupulosamente lo reflejado en el proyecto y prosiguen hasta Villanueva de Argaño para entrar a la obra por Yudego. Son, asegura, los de una empresa subcontratada por EDP. Sin embargo, otros, que apunta son autónomos, se hacen los locos y llegan a la obra por la ruta más corta. «Nos dicen que el GPS les ha equivocado», denuncia. La estrechez de la calle principal de Hornillos y de la carretera de acceso a este municipio, sumadas a la confluencia de turismos o tractores que van en dirección contraria, ha provocado que la grúa haya tenido que acudir a aupar algún camión que se había quedado atascado en la cuneta. «Al día siguiente de quedarse encallado volvían a pasar por medio del pueblo», denuncia Mayor. El alcalde de Hornillos asegura que, en vez de pedir perdón o mostrarse respetuosos, los transportistas se han encarado con algún vecino. A todo ello se suma el ir y venir constante de centenares de peregrinos que pueblan casi a todas horas la calle Real, lo que dispara el riesgo real de atropello.

Pillería. «Si por cada viaje se ahorran más de 11 kilómetros y tienen que hacer 8 al día, al final es mucho dinero», indican los alcaldes. Este periódico se desplazó ayer hasta Hornillos para hablar con agricultores y habitantes de los dos pueblos. Casualidades de la vida, un trabajador de la promotora del parque eólico se apostó desde primera hora en el cruce hacia el pueblo para disuadir a los conductores que tomaran esa vía e indicarles que prosiguieran por el trazado acordado en proyecto. «Es su primer día», aseguraron los vecinos.

El flujo de vehículos pesados, que habitualmente suele ser muy alto -los allí presentes hablaron de más de una decena cada hora- fue ayer notablemente inferior. Cosas del destino. «La semana pasada fue muy sorprendente, fuera de toda lógica. Un trasiego constante», lamenta Juan Carlos Delgado.

Fuente original: www.diariodeburgos.es