Sensibilizar sobre la relación entre el ser humano y su entorno a través de prendas que no solo se visten sino que también respiran, sienten y crecen es lo que motivó a Irene Bueno González, diseñadora de Barbadillo del Mercado, a desarrollar su proyecto Conscious Tex. Una propuesta formada por tres prendas que combina moda, tecnología y naturaleza y que tiene una potente carga simbólica. Tras superar distintas fases, el conjunto subió a la pasarela del prestigioso certamen GreenWalk Awards Barcelona 2025, dedicado a la innovación en moda sostenible. No pudo tener mejor escenario para su presentación el trabajo de esta joven de 20 años, implicada en temas ecológicos y sociales.
Irene recibió la notificación de que su propuesta había sido finalista durante los diez días que estuvo en Senegal haciendo voluntariado con niños de la mano de la ONG Cooperating Volunteers, dos semanas «duras e impactantes» por la situación que algunos pequeños viven en el país africano. Y de allí a la Ciudad Condal para presentar su propuesta de tres piezas.
Una de ellas es una chaqueta con un sensor de CO2 que alerta mediante luces LED rojas o verdes sobre si la calidad del aire es buena o no para el usuario y que se acompaña de una sobrefalda que incorpora un tejido vivo diseñado para albergar semillas de chía, orégano y albahaca y que crecieron directamente en él. Esta prenda también incluye un sensor de humedad que, mediante Leds, indica si las condiciones son adecuadas para el crecimiento de las plantas.
El simbolismo de las prendas, como afirma la diseñadora, va más allá de su carácter tecnológico o estético. «La chaqueta representa la urgencia de atender la calidad de lo que respiramos. La sobrefalda muestra la solución a la crisis ambiental: preservar lo natural y no destruir la vida que nos sostiene», cuenta sobre ellas su creadora.
La tercera pieza es una camiseta-vestido que supone la crítica más directa al sistema de producción y consumo masivo. Casi sin coser, rasgada «recuerda a las camisetas viejas que terminan desechadas o donadas y acaban en mercados, como el de Kantamanto en Ghana o en vertederos de Senegal, donde la quema de textiles genera gases tóxicos».
Con esa camiseta la diseñadora denuncia «la precariedad de los trabajadores textiles o la toxicidad de los químicos que se emplean» y busca interpelar al espectador «sobre la necesidad de ser conscientes de que consumimos, como lo desechamos y la manera en que nos afecta», afirma.
violencia de género. En diciembre Irene cumplirá 21 años. Actualmente se encuentra estudiando el último curso de Diseño y Gestión de Moda en la Universidad Rey Juan Carlos y combina su formación con un trabajo en prácticas en Sepiia, una empresa de moda sostenible e innovación, tendencia en la que quiere encauzar su carrera. «Quiero crear más allá de la mera estética, que lo que haga tenga un significado más profundo».
Otro de los proyectos de los que más orgullosa se siente es Pozo, del que fue su directora creativa diseñando la colección de ropa que aparece, dirigiendo la editorial de moda y un corto que también guionizó. En ella habla de la violencia de género más allá del momento del maltrato, de ese proceso duro que después sigue acompañando a las mujeres. «No es algo que pasa en un momento, sino todo lo que viene después, ese tiempo de sanación y transitar psicológico».
Fuente original: www.diariodeburgos.es