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La calle Mayor despide a La Gramola, otro bar de raza en Medina de Pomar

Llegaron a la calle Mayor cuando la noche aún se encendía cada fin de semana y una floreciente hostelería daba vida al casco histórico de Medina de Pomar. En los tiempos en que aún se bailaba en El Duende, la discoteca Las Torres, el Pulpitillo, el Elfos, el Trope, el Puntazo y muchos otros que ya no están, abrió el café bar La Gramola. Los hermanos Jesús y Carlos Mata, hijos del hostelero Valentín Mata, propietario del Bar Mata en el barrio de Capiscol de Burgos capital, se forjaron tras la barra de este negocio familiar. Eran cinco hermanos, pero solo dos apostaron fuerte por la profesión de su padre.

Burebanos de Redecilla del Camino se convirtieron en hosteleros de raza y volaron de Burgos a Villarcayo, donde regentaron primero El Bulevar y después la mítica Discoteca Flamingo y el Pub Robinson, que abrían a la vez. Mientras servían copas los fines de semana en ambos locales, de lunes a viernes trabajaban en las obras de la futura Gramola allá por 1996. Fue un año intenso para transformar una vivienda centenaria en el epicentro de la calle Mayor, que fue sede del Banco Bilbao Vizcaya. Se convirtió en una de las primeras cafeterías irlandesas de la provincia y pionera en Merindades.

En septiembre de 1997 comenzó la pelea y los años más duros, en que los dos hermanos abrían y los dos cerraban. No había horario. Triunfaron a base de trabajo y conquistaron a una clientela para la que solo tienen elogios. No hay otra fórmula mágica en la hostelería, además de la amabilidad y las sonrisas que siempre han regalado a sus clientes, que ya les echan de menos.

Los hermanos Jesús y Carlos Mata abrieron La Gramola en 1997 en el casco histórico. Desde hace dos décadas han contado con Adrián Santamaría tras la barra, otro pilar de un negocio que cierra por jubilación y falta de relevoLa calle Mayor de Medina despide otro bar de raza

En febrero de 2007 se unió al equipo un jovencísimo Adrián Santamaría, ahora jefe de barra, y quien estaba llamado a continuar con las riendas del establecimiento junto a Iván Mata, hijo de Jesús. Pero este último prefiere tomar otros caminos y Santamaría le veía como la única opción para continuar con el negocio entre dos. Sin interesados en su continuidad, el sábado, día 31 de octubre, fue el último día de la primera vida de La Gramola. Celebró un Gramolazo, una noche inolvidable en la que sonaron sin descanso los hits de estos últimos treinta años y sus camareros volvieron a subirse a bailar a la barra.

Ha sido un negocio «camaleónico». Así lo define un fiel cliente como Quique Ugarte, quien nació el mismo año que La Gramola. Y es que «va mutando del ambiente de la mañana al de la tarde y después al de la noche». Con un espacioso local de 270 metros y una galería acristalada desde la que se mira a las huertas de Las Cuadrillas, este café ha dado mucho juego. Partidas de billar, de póker, cenas, fiestas de disfraces o de Halloween en las que sus propietarios eran uno más dan fe del ambiente del establecimiento, que atraía a público de varias generaciones.

Hasta que llegaron las redes sociales y era preferible evitar algunos videos, también fueron míticos los bailes sobre la barra a altas horas. Quedan fotos desenfocadas, hechas al ritmo de la noche. Pero aquella costumbre que inauguró Sandra Fernández Dans con Carlos y Adrián fue pasando a mejor vida.

La Gramola ha pasado por muchas etapas. Cuando la hostelería comenzó a decaer en el casco histórico, lo notaron, pero resurgieron. «La pandemia fue una ruina», recuerda Jesús, que en diciembre cumplirá 66 años. Pero también la superaron. La plantilla, a la que quieren agradecer su esfuerzo, también tuvo mucho que ver, según los dos empresarios. En la cocina, Mariana ha permanecido 25 años, en los que han servido miles de bocadillos, sándwiches o platos combinados. Entre todos triunfó el Manolito, un bocata de pollo, beicon, queso y alioli, que entró en la carta para hacer una broma a la cuadrilla que siempre le quería añadir el alioli. Pero que cuando lo empezó a probar la clientela, se convirtió en el rey.


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